Lo que la Dirección Espiritual ha hecho por mi alma (Segunda parte)



Foto: Cathopic / Exe Lobaiza


Anteriormente había compartido un poco sobre mis direcciones espirituales y en mi mente hay muchas otras ideas que quiero escribir, continuaré con éstas esperando sean de utilidad en tu proceso de buscar un director espiritual.


Algunas personas cercanas me han preguntado sobre mi dirección espiritual, qué se dice, qué se hace, qué te piden, etc. y estos meses, desde que escribí la colaboración anterior, con gozo he podido acompañar a tres personas para que busquen guía en sus ciudades, qué gozo saber la comunión que nos une, a pesar de la distancia.


Cuando empecé a ver cómo sería mi más reciente dirección espiritual fueron las mismas cuestiones que rodeaban mi cabeza: ¿qué le diré a mi director?, ¿qué me irá pidiendo el Señor en esta dirección?, abrir mi alma para que me pueda conocer y dejarme guiar correctamente, ¿cómo lo haré? y la última que hasta me causa gracia: ¿podré obedecer?


A veces soy un poco testaruda y bueno “darme de topes” es algo que no me suena lejano. Así que como un paso más de ésta oración que ya llevaba frente al Señor en su Presencia Real, le dije: “¡ahí voy!”.


Y hasta ahora, a un año y meses de llevar este acompañamiento puedo rescatar que sí, en momentos ha sido difícil, nuevamente aflora mi parte desobediente: llego a la cita con mil planes, queriendo comerme el mundo, pero mi director me sitúa.


Recuerdo una petición que pensé: “(el director) no me la va a negar”, pero así fue, después de desglosarme mi situación.


Aunque me fui triste, al llegar a casa y compartir con mi esposo mi deseo interior de avanzar en mortificación, él (mi esposo) esbozó una sonrisa y me dijo: “¡qué bueno que te dijo que no!” (jaja).


Solos podemos perdernos en el camino, podemos pensar que lo que a un santo canonizado o a otra persona que vemos avanzada en fe le ayudó nos puede sentar bien a nosotros, y ciertamente, es todo lo contrario.

Los consejos, las "jaladas de oreja" (que no lo son, pues al menos mi director es un santo y siempre me corrige con mucha caridad, pero que de pronto así podemos entenderlas mejor), el sentirte acompañada en oración (justamente en ese momento en que tu vida está teniendo un tironeo interior que nadie más puede conocer, sólo Dios, tú y tu director) son esas pequeñas cosas que me dan la certeza de saber que Dios, Sabiduría infinita, siempre pone medios a nuestro alcance para seguir avanzando:


La Iglesia nos acompaña con la riqueza de los Sacramentos y como regalo extra con la dirección espiritual.

Uno de los últimos pasos que hemos ido dando en ésta dirección es sobre mi proyecto de vida. Ha sido mucho trabajo, horas, días, semanas, meses de retrospectiva, sentarme, orar, analizar, borrar, avanzar, regresar, leer y releer, corregir; cuando lo concluí se lo presenté a mi director.


Él me pidió que ahora lo compartiera con mi amado esposo y aquí otra parte medular de la dirección, al menos por mi estado de vida, mi hermosa vocación, sé que nuestro barco tiene dos remos, ambos (David y yo) vamos remando hacia la misma dirección, los dos deseamos la santificación del otro, aceptando nuestros procesos y ayudándonos, animándonos; a veces escuchando, abrazando, llorando, pero en todo juntos.


Mi director siempre me pide que comparta todo lo platicado, analizado y evaluado en la dirección con mi esposo; pues como bien dice la Palabra en el Génesis: soy su ayuda idónea y él la mía.


Vamos juntos hacia el encuentro del Padre y por tanto mi esposo debe saber mis deseos y sueños, para poderme ayudar en todo para alcanzarlos y yo a él.


Para concluir, si ya tienes un director espiritual, me gustaría darte algunos tips: “sé dócil”, “acepta con paz” y sobre todo “déjate hacer… rehacer”, aunque el proceso sea doloroso. Podrás experimentar en tu abandono, que Dios tiene planes mejores para ti y para quienes te rodean.


Un alma en búsqueda de Dios, con sed de Él y con esas ganas ardientes de amarle y servirle, sólo podrá hacerlo en la medida en que se abaje, que reconozca que requiere guía, en la medida en que sepa que Dios ha escogido a esos hombres consagrados porque Él es santo, no por los méritos de ellos, sino por los méritos de Cristo.

Cuando un católico tiene esto como certeza, logra ver en los sacerdotes un Cristo en la tierra, son aquellos hombres que en su enamoramiento por el Señor se han olvidado de sí mismos y se entregan por completo a la Esposa del Cordero, a su Santa Iglesia.


Cuando esto te queda claro como fiel, juntamente a ellos oras, actúas, amas y sirves, sabiendo que es en esta comunión en que nuestra fe crece y en donde reparas el corazón de Cristo, que tanto necesita de nuestro amor, oración y atenciones.


Te abrazo con mi oración y sigue el deseo de avanzar, nuestra Santa Madre la Iglesia te acompaña.



Gaby Briones es una hija muy amada de nuestro buen Padre Dios. Licenciada en educación preescolar, con especialización en psicopedagogía. Es mamá homeschooler católica de sus 3 pequeñitos. Le apasiona seguir conociendo al Señor para amarlo en su familia.

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