Mi Experiencia Misionera: "Somos Compañeros de Vida y Nuestra Tarea es la Santidad"


El misionero es aquel que es enviado a compartir el mensaje del Evangelio, - y también a recibirlo - en el lugar a donde es enviado. La misión es una tarea de todos los bautizados, y una experiencia desde la que se crece en fe, en fraternidad y esperanza.

Sería un error creer que el misionero realiza una tarea desde lo “vertical” y que establece una relación asimétrica con la comunidad a la que es enviado.

Al contrario, la misión se realiza desde la “horizontalidad”, desde el reconocer que somos auténticos compañeros en este peregrinar que llamamos vida, y que nuestra tarea es la misma: la santidad.

Esta misión de Semana Santa 2018, tuve la oportunidad de acompañar, y de ser acompañada, en la vivencia de los Días Santos en una comunidad de Chihuahua, Chihuahua: la comunidad de Tejolócachi, del municipio de Matachí.

Aunque a corto plazo es difícil determinar la totalidad de los frutos de la misión, por gracia de Dios, puedo compartir los siguientes:

  • Aprendí de confianza: nunca dejará de sorprenderme cómo las familias de las comunidades les abren las puertas de sus casas a unos completos desconocidos, y no sólo eso, sino que les abren la puerta de su corazón y comparten situaciones de gozo y a veces de tristeza.

  • Aprendí de diligencia: mi fraternidad me mostró un ejemplo de disposición absoluta y servicio generoso. Las tareas más difíciles se realizaban entre todos: desde la limpieza, cocinar, preparar las diferentes actividades y prestar un servicio de calidad a la comunidad.

  • Aprendí de fe: Tejolócachi fue fuertemente golpeado por la situación de violencia hace algunos años, y sin embargo, la comunidad no perdió la fe en que el Dios de Jesús, siempre providente, traería la paz de vuelta a sus hogares.

  • Aprendí de hermandad: la misión ayuda a que los humanos muestren lo mejor de sí y a que nos atrevamos a seguir nuestra vocación: ser hermanos en Cristo y dar gracias a Dios en toda ocasión. A partir de pequeños actos de servicio y actos de confianza, el misionero se ejercita durante la Semana Santa para vivir como los primeros cristianos, a quienes se les distinguía “por la manera en la que se amaban”.

Rezo para que la esencia de la misión se quede en el corazón de todos los que tuvimos la gracia de ser misioneros en esta Semana Santa y que el buen sabor de saber que el Señor ha resucitado acompañe a toda la humanidad a cada instante.

Tere Avila es profesora de preparatoria y colaboradora en varias asociaciones de impacto educativo y misionero. Actualmente cursa la Maestría en Teología en Boston College.

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