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De Anhelar ese Encuentro… o Dejarme Encontrar

  • Jun 20
  • 3 min read

Por muchos años de mi vida, me sentí como abandonada por Dios, sin pensar que yo era quien lo mantenía a una “distancia segura” (según yo, verdad, porque ¿cuándo va a estar una más segura que en los brazos del Padre?).


Y hace días vino a mi mente un momento de mi vida, de cuando era muy chiquita. Estábamos en la Misa de Primera Comunión de una vecinita y recuerdo que el coro cantaba la canción de “El Encuentro” y me causó una gran impresión. Repetía en mi mente esa canción y me preguntaba con gran curiosidad “qué sería el encuentro”.


Y me saltó el corazón, casi pude sentir que estaba otra vez en ese preciso lugar donde Jesús me llamaba (sin yo saberlo), en esa Iglesia iluminada con la cálida luz del sol que se filtraba por las ventanas, pero ahora después de tanto caminar por la vida: después del hambre que llegué a sentir por el Señor al tratar de saciar mi corazón en lo mundano, de haber vivido una conversión, de encontrar mi vocación de esposa y madre y en general, de haber experimentado las luces y las sombras de la vida de fe.


Y sentí una gratitud hermosa en mi alma… como un recordar que realmente nunca estuve “sola” a nivel espiritual, que desde mis años más tiernos, el Señor ya había puesto en mi corazón el deseo de encontrarme con Él, de verdad.

En los momentos de crisis, el enemigo del alma nos hace pensar que Dios está ausente, que nos ha dejado esperando por Su luz, por ese milagro… pero hoy siento en mi corazón la necesidad de dar testimonio nuevamente de que Jesús está VIVO y está activamente buscándome, buscándote… y jamás se cansará de hacerlo.

(Tal vez al llegar a ser adultos nos hemos instalado en la autosuficiencia. Hemos comprado la mentira de que “yo sola puedo”. Pero como me decía una amiga ayer (y su mensaje me cayó del cielo): qué importante es la vulnerabilidad para que Dios Nuestro Padre se haga presente en nuestras vidas, para que se abran nuestros ojos a los milagros que tanto “esperamos” y que nunca han dejado de suceder por montones y a diario…)


El día de Corpus Christi anhelaba participar en una procesión eucarística y en nuestra parroquia no hubo, sólo Misa Dominical. (…el Señor sabía cuánto lo necesitaba). Y bueno, así quedó. Saliendo de Misa nos fuimos al teatro a un evento familiar y mientras esperábamos en el lobby, me dice mi esposo: “¡sal rápido a la calle!”. ¡Cuál fue mi sorpresa al ver que venía una procesión eucarística justo pasando enfrente del teatro! Y en medio de mi emoción le grité a mis hijos: “¡Jesús vino a buscarnos!”.


No puedo explicar el gozo que sentía… Jesús en el Santísimo Sacramento -literalmente- salió a nuestro encuentro. Y fue un momento precioso que guardaré siempre en mi corazón. La ilustración perfecta de cómo andamos en el mundo, sin ser del mundo. Y de cómo aunque por momentos aparentemos estar completos y plenos, en el fondo nuestra alma siempre pide MÁS cercanía, más conexión, más intimidad, más COMUNIÓN. Y eso sólo puede dárnoslo nuestro Salvador.


Que el Señor abra nuestros corazones a la realidad de Su Continua Presencia entre nosotros y a regocijarnos por esos encuentros con Él, los sutiles y los más tangibles, que seguramente ya hemos vivido a lo largo de nuestras vidas. Jesús está Vivo.


Nelly Sosa nació en Monterrey y es comunicadora, esposa y mamá católica homeschooler de dos niños y un bebé que no dejan de sorprenderla todos los días. Su gozo por reencontrarse con Dios en la naturaleza en un pequeño pueblo en Pennsylvania la inspiró a compartir su fe en El Árbol Menta. Cree firmemente que la meditación de la Palabra de Dios, la Adoración Eucarística, el Santo Rosario y el apostolado, en los tiempos de Dios, convertirán al más escéptico. Es devota de la Divina Misericordia y de la Virgen de la Medalla Milagrosa.

 
 
 

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