El Don de la Comunidad
- 12 minutes ago
- 3 min read
También ustedes, como piedras vivas edifíquense y pasen a ser un templo espiritual, una comunidad santa…
1 Pedro 2,5
En la semana leía la palabra de Dios y este versículo me inspiró para poder compartirles esto que el Señor puso en mí: la importancia de la comunidad en mi vida.
No sé qué sería de mí sin la comunidad de mujeres con la que camino. Ellas han sido un verdadero regalo de Dios. Cada una ha sido consuelo, motivación, soporte, fortaleza, refugio y un apoyo para mi corazón, mi mente y mi espíritu.
En ellas he encontrado, espacios para desahogarme cuando el peso ha sido demasiado, brazos que abrazan con y sin palabras, corazones que escuchan sin juzgar …amigas que saben aconsejar con amor y con verdad.
Por gracia de Dios pertenezco a varias comunidades, unas de oración, otras de formación y otras de crianza, varias de mis amigas son mayores que yo, siempre he dicho que tengo la enorme bendición de aprender de su experiencia, de su sabiduría y del camino que ya han recorrido. Otras son más jóvenes, también aprendo de ellas y al mismo tiempo es una alegría poder compartirles las experiencias que Dios me ha permitido vivir, así todas nos edificamos.

La comunidad sostiene. La comunidad abraza. La comunidad fortalece. La comunidad edifica.
Y qué razón tiene la Palabra de Dios cuando dice que quien encuentra un amigo encuentra un tesoro. En la comunidad encontramos esos tesoros: amigas que consuelan cuando llegan las lágrimas; que organizan un tren de comida cuando nuestra familia atraviesa una enfermedad o llegada de un bebé, que oran cuando no tenemos fuerzas; que escuchan cuando necesitamos hablar; que ofrecen un consejo, un recurso o simplemente su presencia.
Para mí, las comunidades de maternidad tienen un lugar muy especial en mi vida, caminar junto a mujeres que viven la misma vocación es una bendición inmensa. Ellas entienden mis alegrías, mis luchas, mis miedos y mis esperanzas. Con ellas encuentro comprensión, consuelo y empatía.
Y cuando esa comunidad se centra, vive y persevera en su fe, el regalo es todavía más grande. Porque no solo recibes apoyo humano; recibes la fortaleza de una comunidad que ORA por ti. Y saber que alguien lleva tu nombre ante Dios cambia todo porque creo firmemente que interceder es amar.
Cada encuentro de oración, cada encuentro de crianza, cada espacio de formación y cada momento compartido siempre llena mi corazón de alegría. Reímos, aprendemos, lloramos, rezamos y seguimos creciendo juntas. Nos ayudamos a levantarnos unas a otras para seguir caminando hacia el cielo.
Porque la realidad es que no nacimos para vivir solos. Dios nos creó para vivir en comunión. La santidad no se recorre en aislamiento; se recorre de la mano de otros que también desean llegar al cielo y nos contagiamos de esperanza y ánimos para seguir en este camino ¡nada sencillo!
Hoy quiero darle gracias a Dios hermoso por cada una de las mujeres que ha puesto en mi camino. Gracias por las amigas con las que comparto la fe, la formación, la maternidad, los consejos, y las oraciones. Cada una de ustedes ha sido un instrumento de Dios en mi vida. Todas son un DON.
Si hoy tú aún no tienes una comunidad, quiero animarte a buscar una. Acércate a tu parroquia, participa en un grupo de oración, en un círculo de formación, en un grupo de maternidad, en un apostolado o en cualquier comunidad donde Cristo sea el centro.
Y si todavía no aparece, pídesela a Dios. Él nunca deja sin respuesta un corazón que busca crecer en la fe. Estoy segura de que ya está preparando las personas correctas para caminar contigo.
Sigamos construyendo amistades que nos acerquen a Dios. Sigamos sosteniéndonos unas a otras. Sigamos caminando juntas.
Porque el camino al cielo es mucho más hermoso cuando lo recorremos en comunidad.

Vero López


































Comments