Flores a María
- 2 hours ago
- 4 min read

Hace unas semanas nuestro grupo de mamás organizó un “tea party” para madres e hijas .
La temática era alrededor de la maternidad de María y de cómo, antes de querer imitarla y educar a nuestros hijos con Su modelo, tenemos que pedirle al Espíritu Santo que podamos experimentarla en nosotras mismas.
Como siempre, el presupuesto era apretadito así que me di a la tarea de conseguir flores “salvajes” de esas que aquí en Texas, en esta época hay por todos lados, literal.
Me estacioné en una calle marginal, me puse las botas de goma de mi esposo, agarré las tijeras de jardín y llené mi baúl de contenedores con agua para ponerlas lo más pronto posible en agua (ya que se deterioran muy rápido).
Mientras estaba entre la maleza y el viento soplaba, me di cuenta como “danzaban” y se movían a su ritmo y dirección. Pude escuchar grillos, tuve dos o tres encuentros con catarinas de toda colores y hasta una abeja me picó. (No la culpo, ella solo estaba haciendo su trabajo).
La fragancia de las flores era súper intensa y a pesar de que había carros pasando, había una atmósfera casi mágica que me llenó el alma de alegría. Cada vez que cortaba podía darle gracias a Dios y a cada un de esas flores por el regalo de poder verlas, olerlas, sentirlas y de servirnos en nuestro ministerio.
Y ahí, de cunclillas entendí por qué antes de ayer, jamás le había encontrado sentido a “llevar flores a María”.
Por primera vez me hizo sentido la dinámica de ofrecerle flora semi moribunda y llevarla a modo de ofrenda a alguien que no podría sacarle provecho alguno. Mi hija lo describe como: “Si me vas a dar un regalo, que sea comestible” jajajaja. (Yep, así funciona mi cerebro, especialmente para aspectos religiosos y no racionales).
Desde que era niña no me hacía sentido, incluso cuando era adolescente uno de mis mejores amigos me dio 100 rosas. Lejos de sentirme halagada, ¡sentí horrible! Jamás se lo dije a mis amigas, pasaron años antes de que alguien se enterara y cuando me lo comentaron, recuerdo haberme puesto súper roja y sentirme avergonzada. Sentía que era una dinámica absurda y sin sentido. Un gasto de dinero.
Sin embargo, a través del tiempo y de haberme encontrado con un libro maravilloso sobre la Virgen de Guadalupe y la relación con “el mundo de las flores”, pude entender el trasfondo de esa tradición y de cómo nuestros antepasados consideraban a las flores una forma tangible y funcional de la fe y lo sobrenatural.
Poco a poco el Señor me ha ayudado a hacer conexiones de cómo la Virgen “acomodó” las flores en la tilma de San Juan Diego, o cómo eligieron a San José como su esposo, por que fue la varita que floreció de entre todas las demás.
Ese domingo el Señor me mostró que no es lo que le ofrecemos a la Virgen lo que hace la diferencia, sino de donde viene la iniciativa y la experiencia.
Antes no existían las florerías como las de ahora, había que irse al campo. Había que sumergirse en la maleza, había que cuidar los rosales, había que invertir algo más que dinero para poder tener las flores. Había que notarlas, había que sacar el tiempo y dedicación, había que sentir la necesidad y tener la iniciativa de responder a un amor que se aceptaba, recibía y agradecía. Había que tener una relación estrecha con el destinatario y tener fe y confianza de que se podía corresponder en esa intimidad.
Y yo, mis hermanas, jamás había estado tan estrechamente ligada a María como hoy…
Y saben qué es lo mejor, que no es por que rezo el Rosario todos los días, por que mi ADHD lo hace una tortura, o por que sé mucho de su vida, o por que la tengo súper presente. Sino porque me ama y la dejo que me acompañe. No me he ganado nada, todo es gracia y gratuidad. Y la verdad es que hoy lo entiendo por que lo experimento con mis hijos. No hay nada que ellos puedan hacer para que los ame más o menos, solo los amo.
Así que este mes de Mayo habrán muchas flores, de las que son gratis, jajaja, pero habrá más gozo porque puedo dar testimonio de que ella siempre está y estará conmigo y con cada uno de nuestros hijos, incluyendo el que está cerquita de ella y me mostró cómo ella cuida de Él y de mi corazón.

Brenda Garza nació y creció en Monterrey, México, donde se graduó con una Licenciatura en Diseño Gráfico. Después de varios años de trabajar en una agencia de diseño, se mudó a Asturias, España para ser misionera en una comunidad de Artistas Católicos donde conoció a su esposo. Dos años después se mudaron a Puerto Rico para trabajar con la Diócesis de San Juan. Mientras estuvo en P. R., recibió capacitación en el Nivel 1 de la Catequesis del Buen Pastor. Brenda, su esposo y sus cinco hijos se mudaron a Texas en 2009 y ahí recibieron un hijo más. Desde entonces ha trabajado como asistente de Formación y Directora de Comunicaciones en parroquias de la diócesis de Fort Worth. Actualmente cursa su certificación de Nivel 3 de CBP. Le apasiona comunicar el amor de Dios a la gente y está feliz de usar sus talentos para construir el reino de Dios en la tierra.


































Comments