Llevamos Nuestro Tesoro en Vasos de Barro


Foto: Cathopic / Caro Mendoza


Mi esposo y yo estamos en una comunidad de matrimonios católicos y el año pasado terminamos la etapa formativa. Después de ésta, te hacen la invitación a realizar un apostolado.


Cuando nos pusimos en oración, sentimos que el Señor nos invitaba a coordinar una célula de matrimonios. Mi esposo estaba muy contento y yo... nerviosa.


Él es una persona muy extrovertida, ha coordinado varios grupos juveniles y habla demasiado. Yo soy más introvertida y mi servicio al Señor ha sido más en intercesión, por lo que para mí fue un cambio abrumador.


No es que no quisiera servir al Señor, pues para mí es un privilegio, y además una alegría, poder compartir con los demás todo lo que Dios ha hecho en mi vida y de alguna forma, lo que podría hacer por los demás, pero siempre le preguntaba a mi Señor: ¿Estás seguro de esto?


No me considero ni con los conocimientos, ni la personalidad para hacer algo así. ¿Cómo es que alguien con defectos -como yo- les iba a hablar y a exhortar a ser mejores cristianos?


Pero, Él de alguna u otra manera me seguía diciendo que sí...


Hace unos días me volvió el nervio, no había querido tocar el tema de nuevo, pero Él me conoce, sabía que tenía que volver a preguntarle y me respondió con este canto de Jésed "Descansa en Dios":


"...Por eso hoy confiaré hasta el final, porque sólo en Ti multiplicaré lo que Tú hiciste en mí. Por eso hoy me alimento de Tu pan, porque sólo así me convertirás en un instrumento de paz…"


Más tarde me contactó una amiga de preparatoria (que tengo muchos años de no ver) y me contó que había sufrido la pérdida de dos de sus hermanos, junto con la llegada de una bebé, y me animé a invitarla junto con su esposo a la comunidad. Me dio las gracias, me dijo que hablaría con su esposo y que lo consideraría...


Te comento esto porque afuera hay mucha necesidad de Dios, siempre la hemos tenido, pues como dice San Agustín, nuestro corazón andará inquieto hasta que no descanse en Él... ¡cuánto más en estos tiempos! de encierro, angustia, dolor.


En Dios descubrí que tengo que estar tranquila, que Él se encargará de todo, que será necesaria mucha oración, que sólo con Él y en Él es como las cosas funcionan y que es indispensable alimentarme de Su Cuerpo y Su Sangre.


No tengamos miedo ni pena de emprender aquello a lo que Dios nos llama, nuestros hermanos tienen sed de Él. Cuando hemos encontrado un tesoro, siempre debemos compartirlo con los demás.


<<...llevamos semejante tesoro en vasos de barro, para que se vea que éste poder extraordinario es de Dios y no de nosotros>>, 2 Cor. 4,7




Jazmín Espinoza es esposa y mamá católica. Tiene tres hijos y pertenece junto con su familia a la comunidad "Vivir en Cristo". Comparte sobre su fe en Mamá Católica y Psicóloga.

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