top of page

Nuestros primeros y temblorosos pasos en el Homeschool

  • Writer: Denisse Cueto
    Denisse Cueto
  • 2 days ago
  • 5 min read

Updated: 2 days ago

Llevar a la luz nuestro proceso, hace que otras historias encuentren ánimo y fortaleza para perseverar hasta el final… así que aquí les comparto la nuestra con la Educación en Casa.


Cuando nació nuestro primer hijito, nos encontrábamos David y yo como la mayoría de los matrimonios jóvenes: deseábamos seguir trabajando para conseguir otra casa más grande y bonita, tener nuestros carros del año (o al menos recientes) llevar a Carlos al colegio donde laboro y esperar los días de vacaciones para poder ir conociendo el mundo.


Ese era nuestro proyecto mundano de vida jaja, el espiritual consistía en atender jóvenes profesionistas del Apostolado de la Cruz, coordinar las 3 secciones, servicio en Misa y en el coro, presencia activa en el EPAP de nuestra Parroquia, Hora Santa de los jueves y Misa entre semana las veces que se pudiera, además de la dominical.

Con eso creíamos que estábamos cumpliendo con nuestros deberes de cristianos y buenos padres.


Sin embargo, a los 6 meses de vida de Carlos (nuestro hijo mayor), vino mi primera recaída en mi depresión orgánica (diagnosticada a los 16) y de ahí surgieron muchos planteamientos sobre si la vida que estábamos llevando tenía sentido.


Empecé a observar con más calma mi labor docente, a darme cuenta que aquello que algún día había leído de mamá Conchita, lo cumplía cabalmente: “hacer bien las obras ordinarias”. Y sin embargo sentía que algo me faltaba por hacer.

Siendo maestra, con nuestro hijo empecé a hacer actividades en casa, principalmente sensoriales y de lectura. Me imaginaba que cada actividad llevada en el aula, podía ser adaptada a su edad y entonces descubrí que los dos nos encontrábamos felices, yo aprendiendo a ser maestra de vida de mi hijo y él enseñándome más sobre el arte de la docencia.

Ahí empezaron las primeras mociones, iba notando que mi labor en el trabajo podía ser también un servicio para mi familia.

Pronto esa idea la empecé a rechazar, pues en México no sabía que se pudiera educar en casa, y menos aún que con los “sueños mundanos” que teníamos, pudiera algún día dejar de trabajar.


Así que decidí enterrar ese sueño… pero a los pocos meses diagnosticaron a Carlitos como asmático, razón por la cual dejé de asistir a colegio y como buena educadora retomé mis actividades con él.


Otra vez una alegría mayor, que no experimentaba en el aula, se reactivó en mí. (Pero pensé que era algo propio de una mamá que acompaña en la formación, en lo que él pudiera ingresar al preescolar).


Los años pasaron rápido y él mostraba aptitudes sobresalientes. Empezó a leer a los 4, nunca le enseñé formalmente las letras y un día, cuando llegué por él estaban las mamás de sus compañeros admiradas y me preguntaban que ¿cómo le habíamos hecho?


Yo me limitaba a decirles que tal vez ya era algo innato que él tenía. No fue hasta unos años después que descubrí que las experiencias previas a la lectoescritura que habíamos vivido juntos habían sido las causantes de ese resultado tan natural.


Y la idea de educar en casa, seguía siendo mí latente…


Después llegó nuestro segundo hijo Elías (y me encanta decir que él es el causante de estar acá). Ahí mismo donde laboro, algunas compañeras me hicieron comentarios sobre si podía presentar alguna condición, incluso algún familiar político también lo mencionó y esto me hizo estar más alerta.


Continuamos haciendo actividades para los dos en casa, pero no notaba desfases en el desarrollo de él.

(Simplemente mucha energía, que cuando no se canaliza, sí puede causar inquietud en los adultos).


Había hecho la maestría en psicopedagogía, así que leer e investigar era parte de mi día a día y entonces fue en una de esas lecturas que conocí a Laura Mascaró, -“pero bueno ella es española, en México (pensaba) no es posible”- y entonces enseguida leí a Priscila Salazar. Y dije: “Sí se puede”.


Empecé a hacer cursos, a tomar talleres, ingresar a conferencias, a comprar libros sobre la educación en el hogar, la mayoría de autores norteamericanos y mi mente explotó.


Descubrí que parte de lo que yo hacía ya era nuestro estilo de vida, sin embargo me faltaba definir un rumbo…

Me seguí preparando, pues sabía que si a mí me había llevado casi 6 años aceptar que sí se podía hacer Homeschool, para mi Esposo David, para mis papás y suegros (que son nuestra red de apoyo) iba a ser más complicado y yo quería estar preparada para cada posible pregunta.


En esa preparación fue como empecé a rogar a Dios con más fervor que me ayudara a discernir si esto era para nosotros. Pasaba muchas noches en vigilia, orando, después formándome, y ahí en esa intimidad el Señor me reveló parte de mi misión como madre y esposa y el miedo se fue.


Me mantuve firme, sabiendo que Él me había estado preparando para esto y decidí compartirle a mi esposo, el cual accedió en ese momento.

¡Claro! Hubo cuestionamientos pero en ese mismo diálogo lo pudimos resolver. Y desde entonces hemos caminado en esta certeza que Dios nos llamó no sólo a ser proveedores de nuestros hijos, sino también acompañantes en el aprendizaje, en la vida de fe y oración; y este mismo estilo de vida llevarlo a los demás.


No como una imposición a que lo hagan, sino como un testimonio de que Dios nos prepara para cosas grandes, que Él se encarga día a día de cada uno de sus hijos, de proveerlos, de orientarlos, de educarles y amarles, y que desea que nosotros hagamos nuestra parte mientras sea posible, porque un día nuestros hijitos ya no estarán; los años formativos habrán pasado… pero cada pequeño acompañamiento que les dimos, les será una herramienta para el futuro. Anhelo y oro que sea para el eterno.


Actualmente laboro, después de estar 5 años en casa, mismos que no me canso de agradecerle al Señor, y cuando me reincorporé en el 2024, me plantee la idea de escolarizarlos a lo que Él en oración me respondió “te basta mi gracia”, y a esta respuesta me aferro cuando los días se ponen intensos, cuando deseo tirar la toalla.


Recuerdo Su promesa de estar conmigo y es cuando sólo puedo postrarme de rodillas para decirle: ¡GRACIAS! Gracias por confiar en mí y en David, gracias por sostenernos, por completar nuestras limitaciones y miserias.


Gracias por el tiempo que nos regalas en familia, por los diálogos con los hijos, por la paciencia que nos das a los 5 (y es que en 2019 llegó Andy, ella nunca ha ido a la escuela) y porque al final del día podemos descansar en que tus misericordias se renovarán para seguir haciendo lo que hasta ahora amamos: hacer tu Voluntad, aunque cueste, aunque canse, aunque a veces no respondas como quisiéramos.


Aquí seguiremos hasta que Tú decidas lo contrario.



Gaby Briones es una hija muy amada de nuestro buen Padre Dios. Licenciada en educación preescolar, con especialización en psicopedagogía. Es mamá homeschooler católica de sus 3 pequeñitos. Le apasiona seguir conociendo al Señor para amarlo en su familia.

 
 
 

Comments


Conoce a nuestro Equipo
Untitled.png

Somos una comunidad de

Mujeres Católicas en diferentes etapas de la vida.

  • Watercolour-Instagram
  • Watercolour-Facebook

© 2021 by El Árbol Menta

bottom of page