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La obediencia como un regalo

Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra (jn. 4, 34) Vivir en obediencia ha significado sentirme progresivamente hija muy amada por el Padre y por lo tanto querer ser como Jesus, el Hijo en quien el Padre se complace. Por esto he querido partir con la cita del evangelista San Juan, porque he ido aprendiendo poco a poco a realizar lo que el Padre quiere para mi, para mis hermanas de comunidad, para los niños y jóvenes que Dios me confía y para la gente que ha puesto en mi caminar a lo largo de estos años. He ido descubriendo la obediencia como un regalo primero para mi, porque este consejo evangélico me ha dado la oportunidad de entregar “libremente” mi voluntad al Señor, quien me respeta también y me da la gracia de responder conscientemente, con responsabilidad, poniendo a disposición todos los dones que me ha regalado en el servicio de la educación de tantos niños, adolescentes y jóvenes. En segundo lugar veo mi vivencia de la obediencia como un regalo para la Iglesia, para los destinatarios, para quien me encuentra, porque juntos nos comprometemos, cada quien desde su vocación específica, a querer hacer la voluntad del Padre, descubriendo el proyecto de amor que Dios nos tiene a cada uno.

Con la profesión de la obediencia he proclamado que Dios es el Señor y me he abandonado con confianza en el Padre que con sabiduría y bondad, me conduce a la libertad de los hijos de Dios (c30). Me ha implicado renunciar ciertamente en algunas ocasiones a mis deseos de querer hacer las cosas como yo deseo, pero me he adherido más fuertemente a Jesús quien en el momento en que estaba apunto de entregar su vida dijo “Padre si es posible aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mt. 26-39). También con este voto me he comprometido públicamente a obedecer a mis superioras como representantes de Dios y en esta certeza es que he caminado junto a ellas. El diálogo sincero y asertivo con ellas, me ha ayudado a ir descubriendo el paso de Dios en lo que me va pidiendo y en poder actuar Su voluntad en lo cotidiano de la vida, sin querer buscar cosas grandes. La vivencia de la obediencia me ha llevado a ejercitarme en el discernimiento, es decir, en ir preguntándole cada día al Espíritu Santo por donde quiere que camine y por donde quiere que acompañe a las personas que a puesto a mi lado y por lo tanto hacerme muy amiga del espíritu que me empuja a ser dócil en cosas muy concretas que vivo en el día a día. Ser obediente me ha llevado a ejercitarme en la flexibilidad, en la docilidad de mente y de corazón, en aprender a reconocer también como mediaciones de la voluntad de Dios su misma Palabra, el magisterio y leyes de la Iglesia, mis constituciones, lo que pasa en mi entorno, en la sociedad y en el mundo, tratando de descubrir, siempre acompañada por mis superioras y director espiritual, la voluntad de Dios. En este camino, mi sostén, mi guía y modelo que me ayuda e inspira es María Auxiliadora, la mujer dócil al espíritu, ella me lleva en este camino de continuos “si” y le pido que como ella, mi pequeño sí sirva para seguir salvando almas. Agradezco la oportunidad de compartir, en súper síntesis, mi experiencia de ser consagrada, de vivir en castidad, pobreza y obediencia junto a mis hermanas para el servicio de los niños, adolescentes y jóvenes. Confío en sus oraciones para que pueda seguir acompañando a las jóvenes novicias que se preparan para su entrega al Señor.


Soy Sor Verónica Gutiérrez Villarreal, feliz hija de María Auxiliadora, salesiana desde hace 32 años, día en que hice mi primera profesión religiosa en este hermoso instituto que es todo de María.


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