Al cielo se llega en equipo
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Cuando comienzas en este caminar de hacer homeschool católico, uno de los primeros temores y dudas que se presentan es el de la socialización y si bien, no me considero una experta ni mucho menos, creo que mi testimonio puede ser de ayuda para otras mamás que sienten ese llamado en el corazón cuando ven que las cosas del mundo y del ambiente que existe actualmente se quedan cortas para lo que realmente anhelamos para nuestros hijos y nuestra familia.
Incluso si no haces homeschool, estoy segura que te has preguntado por lo menos una vez: - ¿Verdaderamente es este el ambiente que quiero para mis hijos? - y creo que la respuesta está ahí, latente en tu corazón, sólo que a veces la vida y las prisas se encargan de esconderla.
Esta pregunta revoloteó en mi cabeza, cuando comenzamos hacer esas primeras salidas con otros niños homeschoolers para cubrir el temor de “la socialización”, y si bien eran expediciones padrísimas y de mucho aprendizaje, mi corazón decía que debía de haber algo más.
En su momento no sabía exactamente qué, pero seguía inquieto - por otro lado mi razón cuestionaba: ¿qué puede faltar si hay niños homeschoolers + lugares educativos? - en teoría eso debería de rellenar las casillas de la socialización, ¿no?
De pronto, en medio de miles de mensajes de Whatsapp, vi una invitación “Adoración Eucarística PARA NIÑOS” y ahí mi corazón saltó para decirme que ESA era la parte que le faltaba a nuestra ecuación de la socialización. Comenzamos a ir, era en un horario muy incómodo, porque ya era muy tarde y mis hijos en ese entonces pequeños, no aguantaban mucho (pero el horario estaba puesto así para que pudieran asistir los niños que iban por las mañanas al colegio).
Seguí orando, porque aún y que había encontrado lo que nos faltaba, seguíamos sin una comunidad. Seguí convocando por medio de Whatsapp a las mamás que tuvieran hijos pequeños y que quisieran hacer actividades católicas.
Dios se encargó de acomodar todo, y un buen día nos juntamos cinco mamás para expresar lo que estábamos buscando en este estilo de vida homeschooler. Esta charla dio frutos y planeamos hacer una Adoración Eucarística para Niños, pero en un horario más favorecedor.
Y de ahí empezó todo. Nos dieron la oportunidad de asistir los viernes a las diez de la mañana con nuestros hijos, con el compromiso de no fallar a nuestra cita con Nuestro Mejor Amigo.
Después comenzamos a ir a un parque cercano para que los niños pudieran jugar y nosotras platicar. De esas 5 mamás, de pronto éramos 7 y luego 10, todas llegaban anhelando ese acercamiento de sus hijos a Jesús.
Con el tiempo, en nuestras pláticas comenzaron a salir ideas para ir fortaleciendo también otras habilidades y comenzamos con una clase de actuación, para que los niños presentaran una pequeña obra navideña o de fin de cursos.
Seguía pasando el tiempo y se unían más familias… de pronto ya teníamos a una abuelita dando clases de arte, una mamá dando actuación y otra inglés.
Lo que pueda yo enunciar en estas líneas se quedaría corto, con todas las cosas que han pasado desde entonces… pero hoy somos un poco más de 30 familias las que formamos esta comunidad.
Como en toda obra de Dios, se nos presentan muchísimos retos cada semana. Sabemos que al ser algo que da muchísimo fruto, el enemigo siempre intentará dividir; y si tomamos en cuenta la cantidad de personas que somos ahora, la organización y opiniones siempre vienen con un nuevo aprendizaje, una nueva virtud por conquistar.
Pero hemos podido palpar la mano de Dios en cada una de las familias que integran o han sido parte de esta comunidad. Él se ha encargado de llamarnos a cada uno a poner nuestros dones al servicio de los demás.
Hemos descubierto que en comunidad es posible: sanar, aprender, dialogar, ejercitar virtudes que tenemos olvidadas, y juntos acercarnos más a la meta final, que es el cielo.
Llevamos ya siete años en esta aventura y aunque muchas veces en nuestra humanidad podemos llegar a fallar, Dios no se equivoca y siempre nos muestra el camino de regreso a Él.
Cuando algunos pasamos por un desierto, hay otros que nos llevan en la espalda y a veces nos toca ser el buen samaritano, de tal manera que nos hemos fortalecido unos a otros en Jesús.
Sólo Dios sabe los frutos que esta comunidad dará, pero de lo que sí estoy segura es de que: “Al cielo se llega en equipo”.

Hoy mi oración va para que puedas pronto escuchar a tu corazón que pide a gritos un ambiente lleno de Dios, donde no exista el temores a ser vulnerable y donde puedan acompañarse y luchar junto con otras familias que son compañeros de viaje en este mundo… sin ser del mundo.

Denisse Cueto es hija de Dios, esposa de un hombre valiente y mamá de cinco pequeños humanos.
Fotógrafa de profesión y homeschooler por vocación.
Intenta llegar junto con su familia a la santidad, un paso a la vez.


































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