La Amistad de un Sacerdote es un Regalo


La primera vez que escuché hablar sobre "Teología del Cuerpo" fue durante una confesión. Antes de salir, el sacerdote me escribió en un pequeño papelito blanco esas tres palabras que años más tarde transformarían mi vida y le darían un gran impulso a nuestro matrimonio.

Ese sacerdote era nuestro párroco el Padre Michael Allison, quien fue parte importante de nuestra familia desde que nos mudamos a Estados Unidos: bautizó a nuestros dos primeros hijos, estuvo presente en cumpleaños familiares, nosotros acudimos varias veces a la celebración del suyo, trabajamos con él en algunos proyectos en la iglesia y eventualmente se convirtió en mi guía espiritual.

También viene a mi mente lo detallista que era con mis pequeños. En varias ocasiones les regaló imágenes de Nuestra Madre Santísima y de Jesús, los saludaba con gran algarabía al verlos en el templo y siempre se esforzaba por hablarles español.

Él vino a bendecir nuestra casa, nos acompañó a cenar en varias ocasiones y a últimas fechas era nuestro maestro en el catecismo para adultos.

Un día él me vio en el pasillo y con su acento americano me preguntó: "¿cuándo confesión?'". Sentí como si Dios lo hubiera enviado a buscar a su ovejita perdida.

Le debo muchísimo de mi espiritualidad al padre Allison. Con él acudí para hacer una confesión general que sanó mi alma. En nuestra parroquia conocí sobre "Word on Fire", otro de los programas que me hizo adentrarme en mi fe, y más recientemente, fue él quien me recomendó el discernimiento ignaciano.

Algo que siempre le admiramos como familia fue su interés en defender los derechos humanos, la vida en todas sus etapas y circunstancias. Cuando las cosas empezaron a ponerse difíciles en la frontera con México, fue particularmente claro sobre la dignidad de nuestros hermanos inmigrantes, lo cual siempre le agradecimos.

Ahora con el asunto del Coronavirus, teníamos varios meses sin verlo. Lo último que supimos de él fue que el fin de semana pasado falleció; sorpresivamente fue llamado a la casa del Padre.

Ha sido una semana difícil. Cuando le pregunté a mi hijo de 7 años cómo se sentía me respondió: "Mamá, estoy tratando de no pensar en eso"; me enterneció profundamente.

Es triste que dadas las circunstancias no pudimos acudir a despedirlo, pero en medio del dolor y la sorpresa, siento un gran agradecimiento con Dios por la oportunidad de conocerlo, por su paternidad espiritual de varios años, por el hecho de que mis hijos pudieran convivir con él.

Mi esposo siempre tuvo desde niño ejemplos de vida religiosa cerca de su familia, pero yo no.

Al conocer al padre Allison estos años pude entender un poco más el corazón de un sacerdote. Empecé a ver a nuestros pastores sin miedo y de una manera más humana; pude apreciar la vocación del sacerdocio mucho más, como nuestro transporte hacia Jesús; y también la importancia de orar continuamente por ellos para apoyarlos en su misión.

Hace días estaba escuchando un episodio de "Abiding Together Podcast" y precisamente hablaban sobre "Paternidad Espiritual".

Las conductoras decían que todos necesitamos padres espirituales en nuestra vida y explicaban cómo el Espíritu Santo nos revela al Padre y cómo la paternidad espiritual es tan importante porque nos ayuda a visualizar mejor a Dios Padre en el mundo.

Le doy gracias al Señor por eso. Por el don de la paternidad espiritual; porque en muchas ocasiones, a través de las homilías del padre, me hizo abrir los ojos en cuanto a realidades que antes estaban ocultas; porque gracias a su siervo fiel pude conocerlo más a Él.

Y, personalmente, porque gracias a la confianza que el padre nos dio, mi corazón se abrió a la amistad con otros valiosos seres humanos, sacerdotes y religiosos, algo que en otra etapa de mi vida, jamás me hubiera imaginado.

La cercanía de un padre es un gran regalo, una bendición. Si tienes un amigo sacerdote, ora mucho por él, por su santidad, haz un ramillete espiritual, envíale una tarjeta y házle sentir tu agradecimiento y tu apoyo, hoy, sobre todo en estos tiempos de batalla.

Y si aún no lo tienes, reza por tu párroco, pídele mucho al Señor por su alma, por sus necesidades físicas y espirituales, por las de toda su comunidad. Házle saber de alguna manera que no está solo y que cuenta con tu familia.

Que Nuestra Madre de Guadalupe interceda por nosotros en nuestras dificultades y que nuestro Padre Celestial multiplique las vocaciones sacerdotales y religiosas, ¡el mundo necesita tanto de ejemplos genuinos y cercanos de sacrificio y entrega!

Descanse en paz, padre Michael Allison.

"Dios elige a hombres ordinarios para el sacerdocio para cumplir con Su extraordinario plan", G. K. Chesterton.

Nelly Sosa nació en Monterrey y es comunicadora, esposa y mamá católica homeschooler de dos niños que no dejan de sorprenderla todos los días. Su gozo por reencontrarse con Dios en un pequeño pueblo en Pennsylvania la inspiró a compartir sobre su camino de fe en El Árbol Menta. Cree firmemente que la Palabra de Dios, los Sacramentos y el apostolado cambiarán al mundo.

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