Entre Flores y Oraciones: Nuestra Visita al Cementerio


Ayer fui por primera vez a llevar flores y hacer oración con los niños a un cementerio.

Había tenido la intención de hacerlo desde que leí sobre las condiciones para la ganar indulgencia plenaria para las almas del purgatorio del 1 al 8 de noviembre y después de ver el video de Kendra Tierney y su familia sobre su visita anual al cementerio en estas fechas.

Fue una experiencia con diferentes matices. (Si no te has animado, todavía puedes hacerlo, quedan dos días más. Y bueno, la verdad es que aplica para todo el año. Es un gran acto de caridad que conforta las almas de nuestros hermanos difuntos y también las nuestras).

Después de una parada en el súper y un par de vueltas a la manzana porque la entrada al cementerio estaba un poco escondida, por fin llegamos.

Repartí las flores a los niños y les platiqué brevemente lo que haríamos: rezar y limpiar un poquito las tumbas que estaban olvidadas.

La pequeña fue la primera en salir corriendo con sus flores en la mano. Volaba ligera, sin nada que la detuviera.

Yo los veía con asombro, por la naturalidad con la que actuaban ella y su hermano, a pesar de nunca haber visitado un panteón.

Los dos pequeños iban de un lado a otro, dedicados, sin perder el tiempo, pintando el gris de la tarde de colores a su paso.

Para mi la experiencia fue un poco diferente. Me removió muchos sentimientos.

La primera lápida que llamó mi atención fue la de una joven esposa de a penas 20 años que había fallecido a los dos años de casada.

Me detuve a leer el mensaje que le había dejado su esposo, escrito en piedra, rodeado de un hermoso ángel que llevaba al centro la foto de ambos: “Mi Mejor Amiga, Mi Amor, Mi Esposa”.

Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas, pero ante la gran actividad de los pequeños, hice una breve oración y los seguí.

Un bebé de tres meses de vida, soldados, abuelos, padres, madres... Las letras recordaban en breve sus vidas, mientras el aire fresco de la tarde nos envolvía.

Mi hijo me gritó emocionado mientras yo leía los textos: “¡Mamá, lo encontramos!”. Él se había propuesto llevar flores a la tumba de un señor muy lindo, feligrés de nuestra parroquia y satisfecho, colocó con solemnidad las flores al lado de su foto.

Entre tantas emociones, el tiempo se me hizo corto.

Era un gran contraste la algarabía de los niños con el silencio de esa tarde en el campo.

Esa tarde, mientras los veía, mis hijos me hicieron meditar algo muy importante.

Me confirmaron con sus acciones que nuestros hermanos siguen siendo parte de nosotros mismos, de nuestra Iglesia y que es nuestro deber “abrazarlos”, sostener sus almas en oración y en esperanza.

Me recordaron también que la muerte es la puerta a la eterna alegría, (una que desde aquí abajo es difícil de predecir o distinguir), al infinito abrazo de luz de Dios...

Agradezco al Señor por poner frente a mi ejemplos hermosos que me animaron a visitar el cementerio (¡gracias Kendra, gracias Allison Gingras! ¡gracias redes sociales!).

Siento que como padres cristianos tenemos una gran oportunidad y responsabilidad de educar a nuestros hijos en el amor y el respeto a quienes ya están frente al Señor o están en camino para lograrlo (almas del purgatorio) y esta visita nos acerca a todos a esto.

La muerte es un tema que con frecuencia evadimos, pero creo que es muy necesario para fortalecer su fe desde pequeños, cuando su corazón está mucho más abierto a la realidad del cielo #MementoMori.

Después de esta experiencia, mi esposo y yo estamos considerando hacer esta visita una vez al mes, cuando el clima lo permita.

¿Por qué limitarnos al mes de noviembre o dejarlo para una vez al año?

Ellos y nosotros, nuestros hermanos difuntos y quienes continuamos nuestro peregrinar en la tierra, todos somos familia.

Espero en mi corazón y confío en Jesús que venció a la muerte, que un día podamos reunirnos entorno a Él en el cielo.

Que las almas de todos los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.

Aquí les dejo esta oración para liberar almas del purgatorio de Santa Gertrudis que es una de nuestras favoritas en casa:

Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas el día de hoy a través del mundo por todas las benditas almas del purgatorio, por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia. Amén.

Nelly Sosa nació en Monterrey y es comunicadora, esposa y mamá católica homeschooler de dos niños que no dejan de sorprenderla todos los días. Su gozo por reencontrarse con Dios en un pequeño pueblo en Pennsylvania la inspiró a compartir sobre su camino de fe en El Árbol Menta. Cree firmemente que la Palabra de Dios, los Sacramentos y el apostolado cambiarán al mundo.

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