Ser Pro-Vida es ser Misericordia


¿Qué tienen en común Sara Winter, Patricia Sandoval y Abby Johnson? Si eres Pro-Vida, tal vez lo sepas, tal vez no, pero si eres cristiano, católico y Pro-Vida es importante saberlo.

Estas tres personas estuvieron sumergidas en lo más profundo de uno de los negocios más ruines de nuestros tiempos: el aborto.

Un negocio que se sostiene en engañar a las mujeres vendiéndoles la idea de que la libertad no es compatible con la maternidad, de que no podrán sostener a sus hijos si están solas y de que los hijos son un estorbo. Es un negocio que engaña también a los hombres, quitándoles su valentía.

Esta industria disminuye a las personas a meros números, a objetos: cosifican a las mujeres, cosifican a los niños.

El aborto anula de muchas formas la dignidad del ser humano.

Pero éstas tres personas, Sara, Patricia y Abby, a pesar de estar sumidas en esto, fueron tocadas por el Amor, por Dios mismo, ese Dios, al que no le importa mucho tu pasado.

Quien que va y te busca, quien tiene toda la misericordia porque Él es la Misericordia misma y que es capaz de limpiar todos tus pecados con su Preciosísima Sangre.

Y detrás de ellas, de su conversión, de su cambio, de su arrepentimiento, están seguramente las oraciones de muchas personas, anónimas, silenciosas, piadosas, compasivas y misericordiosas, que lejos de condenarlas, juzgarlas precipitadamente y verlas con el rencor con el que muchos Pro-Vidas ven a los promotores del aborto, a los abortistas y a las personas que se hacen llamar Pro-elección, y a todo aquel que esté en este negocio.

Éstas personas no fueron con su discurso Pro-Vida, ni con argumentos, ni organizaron boicots.

Oraron y oraron no sólo por los niños por nacer o por sus madres, oraron por todo aquel que vive en el error de creer que el aborto es una "buena opción" para cualquier persona.

Eso es lo que debe diferenciar a un Pro-Vida cualquiera, de un Pro-Vida cristiano-católico: la comprensión, la misericordia, sobre todo la oración, y ese debería ser el centro de nuestro actuar.

Pero no sólo se trata de orar por el niño por nacer o por las madres, que son las víctimas centrales de este crimen.

Junto a nuestras plegarias por ellos también deberíamos orar por la conversión de las personas que están vinculadas a este atroz y ruin negocio.

Oremos por los médicos, enfermeras y recepcionistas, por aquellas feministas radicales enfurecidas, que ajenas al amor de Dios o a algún tipo de cariño, no alcanzan a ver la dignidad del infante, como alguien más no vio la dignidad en ellas como mujeres.

De igual modo debemos orar por los empresarios que directa o indirectamente apoyan esta práctica.

El lenguaje de Dios desde el Nuevo Testamento es un mensaje de misericordia, de perdón y sobre todo de Amor, Dios no es otra cosa que eso: el Amor hecho persona.

El cristianismo verdadero, ese profundo y cierto, nos enseña que Dios tiene a cada uno de nosotros en esta tierra como pensamiento suyo. Ésta sola premisa nos da lugar a pensar que toda vida humana tiene una dignidad tal sólo por ser pensada por Él.

Es cierto, muchos se han perdido del camino de encontrarse con su Creador no sólo por sus pecados, sino también por los pecados y las omisiones de otros que los desviaron del camino.

Eso nos invita a pensar que cualquiera puede ser llamado por Dios, perdonado, incluso quienes están en este negocio y Jesús nos insta a orar para que éstas almas regresen a Él.

Señor, hazme un defensor de la vida, de la dignidad humana.

Ayúdame a salvar las vidas de los pequeños en peligro, con la oración, con mis acciones. Ayúdame a proteger la vida del anciano enfermo y solitario en peligro de ser exterminado y del migrante rechazado.

Ayúdame a consolar a la madre que duda, a acompañar a la que se siente sola, para que no caiga en la tentación de eliminar la existencia de su hijo; a acompañar a esos hijos cansados de cuidar a sus padres.

Señor, guíame, guía mis palabras, para llevar la verdad a los jóvenes que, empecinados en el error, consideran el aborto y la eutanasia como opciones lícitas.

Señor te pido que los liberes de su ceguera, que la luz de la verdad resplandezca ante sus ojos y transforme sus almas hacia Ti.

Señor, lléname de compasión y de tu misericordia, para no ver con rencor a las mujeres, que en un feminismo mal entendido, ponen sus propios intereses y los de otros por encima de las vidas de los más pequeños, que mis actos amables y mis oraciones puedan ayudar a mostrarles tu infinita bondad y tu infinita misericordia.

Señor, también te pido por aquellos que endurecidos por el dinero, el poder, la avaricia, han entrado en estos diabólicos negocios, sin importar si lo hacen desde la ignorancia o no, para que conviertan sus corazones hacia Ti, hacia Tu Vida, hacia Tu Amor.

Querido Jesús, perdóname, si alguna vez he arremetido con ira y crueldad contra aquellos que no protegen la vida desde el vientre hasta su muerte natural, si he convertido esta lucha en una mera batalla ideológica, si he puesto mi soberbia por encima de tus preceptos de amor y misericordia.

Amadísimo Dios, dame la fortaleza para seguir en esta batalla, luchando por la dignidad y la vida, sin ira y con amor, sin rencor y con perdón, sin mentira y con verdad.

Ayúdame a sanar y a no herir, a tener un corazón como el tuyo y a hacer las cosas cómo Tú las harías.

Amén.

Flor de Guadalupe Montante es mamá y esposa católica. Regia de nacimiento. Estudió Letras Hispánicas en la UANL y trabaja de forma independiente desarrollando proyectos educativos y culturales a través de "Familia Bibliófila de Mamá Bibliófila".

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