La Antesala al Cielo


Recientemente tuve la mejor experiencia de mi vida y quiero compartirla contigo, pues me encantaría que tú también la vivieras.

Pero antes quiero contarte cómo es que empezó todo.

No quiero sonar como presuntuosa o como una persona soberbia que se siente más privilegiada que otros, sino al contrario. Te lo cuento con toda la humildad y amor. Porque esto se trata del amor de Jesús por ti.

Desde hace ya algún tiempo sueño con la Eucaristía. Son sueños diferentes, pero al final Jesús Eucaristía siempre se hace presente.

Me he preguntado qué significa esto. ¿Es sólo un sueño? o ¿es realmente que Jesús me quiere decir algo?

Pedí mucho discernimiento al Espíritu Santo y después de algún tiempo sentí el deseo de participar en mi Parroquia como Ministro de la Eucaristía.

Quería estar lo más cerca posible de Él.

Investigué qué se tenía que hacer y asistí a los cursos que la Diócesis indicaba como requisito antes de empezar.

Finalmente, el sábado 4 de Mayo me tocó participar como Ministro de la Eucaristía.

Estaba súper nerviosa, temblaba de la emoción y de nervios. Me preguntaba si lo haría bien.

Pero lo que más me preocupaba es que no pudiera contener mis lágrimas, pues cada vez que siento a Jesús tan cerca de mí a la hora de comulgar o en el tabernáculo, no me puedo contener, ¡es un amor tan grande el que se siente al estar tan cerca de Él!

Durante la Misa de ese día, le pedía a mi Señor que me ayudara, que no me dejara. Es una responsabilidad tan grande, que me preocupaba que me cayera o que no repartiera La Comunión como es debido.

Recuerdo que le decía: "Te voy a tener en mis manos, estoy tan nerviosa y a la vez tan feliz, que temo hacerlo mal’’.

Y sentí en mi corazón que Él me decía: "Yo te sostendré". Fue realmente hermoso.

Llegó el momento en que el sacerdote hizo la Consagración y después de darnos la paz, nos tocó subir al altar a todos los Ministros de la Eucaristía (esto es lo que te quiero contar…)

Mi Jesús estaba ahí, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Realmente presente en La Eucaristía. Y yo, ¡tan humana e imperfecta!, estaba con Él.

Sentí algo tan bello, que me es imposible describirlo, pero lo haré lo mejor que pueda. El Espíritu Santo me tocó, me llenó de su amor, mi corazón ardía.

Sentí un abrazo tan lleno de amor, que tuve que hacer un esfuerzo por contener mis lágrimas y no caer al suelo de rodillas.

Viví ese momento pensando también en la Santísima Virgen, los santos, los arcángeles y los ángeles que están con Él.

¡Fue como estar en la antesala al Cielo!

Sé que tal vez no creerás lo que te estoy contando. Pero quiero invitarte a que te des esa oportunidad tan bella de conocerlo, para que lo ames tanto como Él te ama a ti.

No te pido que seas Ministro de la Eucaristía si no has sentido el llamado en tu corazón, pero ábrele tu corazón a Jesús para que pueda entrar, de veras, a tu vida, ¡no te vas a arrepentir!

Recuerda que Él murió por ti y derramó hasta la última gota de sangre por ti. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y nadie va al Padre si no es por Él (Jn 14, 6).

Porque esta vida se va a acabar, nadie somos eternos. Cuida tu alma, pídele temor a Dios.

Como dijo una vez el Papa Francisco:

"No se puede conocer a Cristo y no darlo a conocer a los demás". Por eso te comparto mi experiencia. ¡Que Dios te bendiga!

Lizett Pérez. Católica, Casada y Madre de 4 hijos. Originaria de Monterrey, México, reside en Florida, Estados Unidos. "Lo que más me gusta de mi Fe es cómo Dios me demuestra cada día cuanto me ama y me recuerda que no estoy sola. Es mi Mejor Amigo. Adorarlo y recibirlo en la Eucaristía es mi mayor bendición".

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