Dios nos presta a nuestros Hijos

Dios nos concedió un regalo de vida: nuestra hija Fátima. Ella es ahora un ángel del cielo y desde ahí nos acompaña y nos bendice.

En el 2016, mi esposo Armando y yo, tuvimos la gran alegría de convertirnos en padres por primera vez. A pesar de algunas situaciones de salud y edad, pero con mucha fe, recibimos a nuestra Pequeña.

Fátima llegó a nuestras vidas en julio del 2017, prematura, de sólo 36 semanas, con un don extra de Amor llamado Trisomía 21 y derivado de ello, con una cardiopatía congénita. Vivió su vida con un intenso amor. Fueron 4 meses y 5 días luchando, amando y sonriendo ante las adversidades.

Hoy agradecemos al Señor cada experiencia vivida con ella: haberla conocido, amado y sentirnos amados por ella.

Sabemos que Dios la creó para Él. Sabemos que, en su infinita misericordia, Él nos la prestó para que experimentáramos la dicha y el amor infinito que significa ser padres.

Los primeros tres meses de cuidados intensivos en el hospital tuvimos experiencias enriquecedoras de profundo amor.

Aún con tubo respiratorio, después de su cirugía de corazón, ella sonreía, amaba y transmitía una paz impresionante... una paz que, ¡sólo podía ser la de un ángel de Dios!

Luego logramos llevarla a casa durante 26 días, en los cuales le brindamos cuidados especiales y medicamentos, pero sobretodo nuestra cercanía y amor.

Cuando Fátima nació renuncié a una etapa laboral de 19 años en una empresa en la cual me desarrollé personal y profesionalmente: quería dedicarle todo de mi, construir nuestra relación madre-hija.

Ante su partida mi esposo y yo tuvimos que empezar de nuevo, y en ese proceso, Dios puso en nuestro corazón la idea de emprender un negocio de artículos y ropones para Bautizo.

Este nuevo proyecto nos ha ayudado a conectar con nuestra hija: a vestirla en cada niña o niño que vestimos, a sonreirle y verla sonreír en cada niño que sonríe, a amarla y bendecirla cada día, a través de ellos.

Gracias a nuestro negocio, hemos encontrado nuestra nueva misión y nuestro compromiso particular es orar para que esos pequeños permanezcan en Dios toda la vida y sean felices en su camino.

Este día de las Madres y todos los días, te invito a unirte; agradezcamos a Dios por nuestros hijos en el cielo o en la tierra. Es Él quien nos los ha prestado para amarlos, para hacernos sentir amados y para guiarlos a la santidad.

Y si tú como nosotros tienes un ángel que espera por ti en el cielo, recuerda que no hay mejor lugar para que nuestros hijos permanezcan, pues el cielo está impregnado de la presencia de Dios y como madres siempre desearemos su eterna felicidad.

Queremos abrazarte en la esperanza, queremos que sepas que siempre hay algo hermoso que brotará de cada experiencia dolorosa en el camino de Dios. Te acompañamos con nuestras oraciones.

Todo nuestro plan es perfecto a los ojos de Dios.

Laura Rocha es esposa y mamá católica. Administra su negocio de artículos para Bautizo "Pía Caterina" en Monterrey.

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