El Reto de Amar a nuestro Prójimo


Este post fue publicado originalmente en inglés en To Jesus, Sincerely y fue traducido y publicado en El Árbol Menta con permiso de su autor.

¡Hola Abril! Es tiempo de nuestro Reto de Caridad: Amor al Prójimo.

Jesús dijo: <<Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con toda tu fuerza. (Y) amarás a tu prójimo como a ti mismo>>, Marcos 12:30-31.

Pero antes de que puedas amar a tu prójimo como a ti mismo, necesitas asegurarte de tienes un sano amor propio.

Si estás batallando con eso, haz una pausa, vuelve al Reto de Humildad, y luego regresa aquí.

¿Listo?

Ok, aquí vamos.

Amor al prójimo.

Esto incluye a tus amigos. A tus enemigos. A tus conocidos. Y a los desconocidos. Prácticamente a todo el mundo.

Se trata de amar a todo el mundo.

Este mes descubriremos maneras de amar a nuestro prójimo. Desde el más cercano, como alguien de nuestra familia, hasta el vagabundo que está en esa esquina; a las almas en el purgatorio y a todos los que están en medio de todos ellos.

Buscaremos maneras de hacerles el bien y de evitar herirlos. Entonces, embarquémonos en nuestra misión de amor.

Hacer el bien al prójimo

Cuidar de las personas
  • Darles tu tiempo. No hay nada que demuestre amor por un amigo como el regalo de tu tiempo. Cuando estás con tus amigos, asegúrate de darles tu atención completa. Dedícales tu tiempo sin distracciones. Encuentra tiempo para ayudar a personas fuera de tu círculo de amigos este mes también: ayuda a organizar un evento en tu parroquia. Acude a ayudar un día a un comedor o a otra institución de caridad en tu ciudad. (O, si vives en Estados Unidos, escríbele una carta a un soldado que esté fuera de casa).

  • Darles tus talentos. Dios nos dio talentos para compartirlos con los demás. ¿Podría tu creatividad ayudarle a una amiga a hacer las invitaciones de su boda? ¿Podrían tus habilidades en la cocina darle una noche de break a una mamá que tiene que cocinar a diario para su familia? ¿Podrías coser un vestido de Pascua para una niña que lo necesita? Pídele a Dios que te inspire. Encuentra la forma de traer alegría a los demás con tus maravillosos talentos.

  • Compartir lo que posees. La gran mayoría de nosotros tiene con qué vivir y un poquito más. Si puedes pagar Netflix, puedes ayudar a familias que no tienen lo necesario para pagar la despensa. Dona una cantidad a un comedor. Compra granolas y un smoothie para el chavo que está pidiendo dinero en el semáforo. Únete a Team180 y ayuda a los más necesitados en Haití.

Practica las Obras de Misericordia
  • Visita a tu vecino. Visita un asilo de ancianos o a tu abuelita. Haz rondas al hospital o en la casa de tu amiga que tiene influenza. Lleva rosarios o tarjetitas con oraciones a una cárcel o dáselos a tu tío que alejado de la Iglesia.

  • Habla con el pecador. Hazlo. Contacta a esa amiga "pro-choice" en Facebook. Comparte ese post sobre Planeación Familiar Natural. O aquel sobre matrimonio gay. Habla sobre los peligros del pecado mortal. Y en tu familia, empieza a aconsejar a tu esposo, papás e hijos. Ofrece corrección y apoyo de una forma calmada, amable y que les deje ver que te interesan. Puede ser difícil. Puede ser que muevas su barco. Pero el amor no se sienta en silencio a ver a un ser querido lastimarse a sí mismo. Pelea por el alma de tu prójimo. Pero primero, busca el consejo del Espíritu Santo y pídele su guía.

Sé un Buen Amigo
  • Dedícate a escuchar. Amo a mis amigos. Ellos me entienden. Pero, ¿los entiendo yo a ellos? Podría estarme ciclando en mis propias historias y experiencias y olvidándome de escucharlos. Practica la escucha efectiva. Deja a tus amigos hablar y hablar sin interrumpir. En lugar de quere regresar a tu tema, ofréceles preguntas o reflexiones relacionadas con lo que están viviendo. Trata de entenderlos.

  • Respeta sus opiniones. No comprometas la verdad. Pero respeta las opiniones de tus amigos. ¿Ella usa velo en Misa y tu no? Pregúntale por qué. ¿Ella y su esposo duermen en camas separadas? Respeta su privacidad y su manera llevar su familia. ¿Ella es vegetariana y tu eres carnívora? Asegúrate de tener un platillo que ella pueda comer cuando la invites a cenar. En todos los temas subjetivos, respeta las diferencias en sus opiniones.

  • Sé amable. ¿Has notado que tratas a los extraños con mayor respeto que a tus amigos, especialmente a tu propia familia? Mira a tu esposo a los ojos cuando te está hablando. Usa una voz amable con tus hijos. Deja de hacer bromas cortantes que puedan herir los sentimientos de tus amigos. Sé agradable. Sé amable.

Ve a Cristo en los demás
  • Reza por los demás. Toda persona está llamada a la santidad y destinada al Cielo. Están hechos a la imagen y semejanza de Dios. Sin importar cómo te sientas, ora por ellos. Ve su dolor y su deseo de llenar el hueco de Dios en su corazón. Reza por tus amigos. Reza por tus enemigos. Reza por los pecadores. Reza por las almas del purgatorio. Somos un sólo Cuerpo en Cristo y la oración nos une.

  • No te ofendas. No puedo decirlo mejor que el Padre Mike. Checa este video. No te tomes a tí misma demasiado en serio. Y trata de ver lo que hay detrás de los comentarios hirientes de una persona. No lo tomes personal.

  • Ve a la persona. Le llevé despensa a un señor que se para en el semáforo, hace unos días. Estaba unos autos detrás de la línea, me estacioné, salté del carro y fui hasta él, en lugar de esperar a que él viniera a mí. Estuvimos cara a cara, estreché su mano, lo vi. A Randy. Un hombre merecedor de respeto y dignidad, del pequeño sacrificio de ir a verlo. Un hombre con una historia. Una vida. Amado por Dios. Y en ese momento, él fue más que una obra de caridad. Pude ver a la persona. Busca a la persona detrás del rostro. Pregúntale su nombre. Trátalo con amor.

Evita Herir a tu Prójimo

Cuida tus palabras
  • No insultes a nadie públicamente. No chismees. No ataques a nadie con sarcasmo. Tu prójimo merece la dignidad de palabras amables. No digas nada a espaldas de alguien que no le dirías frente a frente.

  • No estalles. Dios nos dio el enojo como un regalo. Nos alerta ante un problema y nos mueve a buscar soluciones. Pero nuestro enojo no debe ser usado como un arma contra otros. Evita estallar.

  • No mal aconsejes. A veces me da miedo iniciar una pelea y, en mi temor, pasivamente o directamente afirmo a otros en su pecado. Les digo "está bien... hiciste lo correcto..." Pero mi mente grita algo diferente. Guarda tu alma y la de tu amigo. No dirijas a otros a pecar mal aconsejándolos, ¡o con tu silencio!

Cuida tu Actitud
  • No odies. No te quedes con resentimientos o deseos de venganza. En algún punto necesitas dejar ir las cosas y seguir adelante. Si puedes reconciliarte, házlo. Si no puedes, tal vez necesites distanciarte un rato. Tal vez se terminará la amistad. Pero evítate el drama de la negatividad.

  • No trates de leer la mente. A menos que alguien te diga específicamente las razones detrás de sus acciones, no asumas que conoces sus motivos. Tal vez no te contestó el mensajito porque perdió tu teléfono. Tal vez no te saludaron porque no te vieron. Tal vez no fue a tu fiesta porque tenía influenza. Dale a tus amigos el beneficio de la duda... o pregúntales mejor qué pasó.

  • No seas grosero. A veces no te cae bien una persona. No puedes soportarl@. Y así sucede. Pero eso no es una excusa para tratarl@ mal. No lo uses para justificar tu rudeza. En lugar de eso, como Santa Teresa, "encuentra la forma de amarlos más, porque te agradan menos".

Vive la Misericordia
  • Perdona a los demás. "Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden“. ¿Cómo quieres que Dios te perdone? Perdona a los demás de la misma forma. Perdónalos cuando te piden disculpas. Perdónalos cuando no lo hacen. Perdónalos siete veces. Perdónalos setenta veces siete. No te quedes con las ganas de perdonar, algún día tú lo necesitarás.

  • Pide perdón. Me gusta pensar que soy perfecta. Que nunca hago nada malo o digo nada desagradable. Que nunca me equivoco. Pero cuando pienso así, me miento a mí misma. Pídele al Espíritu Santo que te muestre tus errores y busca el perdón cuando le haces mal a alguien más.

Sé Cristo para los demás
  • Sé un ejemplo. Tú eres el Evangelio para el mundo. En cada Misa, el padre te despide así: "Ve y lleva la Buena Nueva". Tu vida es un testimonio vivo de la gracia salvadora de Dios. Asegúrate de llevar a otros a Cristo con tu ejemplo.

  • No participes de un escándalo. Somos parte de un escándalo cuando participamos del pecado o aprobamos el pecado de los demás. Nuestras acciones hablan fuertemente sobre lo que pensamos que está bien. No apruebes los pecados de otros. Si eres padre, tienes especial responsabilidad de evitar el pecado frente a tus hijos. Ellos absorberán e imitarán tus palabras y acciones. Piensa en esto antes de romper el límite de velocidad, contestar el teléfono al ir manejando o al decir malas palabras.

  • No fomentes. ¿Estás facilitando una ocasión de pecado para alguien más? Está tu oído siempre abierto para el chisme? ¿Hay alcohol de más en tu fiesta? (O en tu Boda. Ups.) ¿Le estás proveyendo a tu hija adolescente de anticonceptivos? ¿Estás provocando un enojo a tu espos@? Si estás haciendo un camino al pecado para alguien más, tú también vas en él. Dí "No", en lugar de permitirlo. Salva tu alma y la de tu amigo.

Únete al Reto:

¿Estás listo para crecer en la Caridad? ¡Arrancamos! Aquí está lo que hay que hacer:

  1. Prepárate. Lee otra vez el post cuidadosamente y reflexiona sobre lo que significa en tu vida. Imprime tus materiales y colócalos en lugares convenientes en tu casa.

  2. Cada mañana empieza el día con una oración (encuéntrala en tu Guía para la Mesita de Noche).

  3. Durante el día, usa tu Guía para el Refri para ayudarte a integrar el Amor al Prójimo en tu vida. Tu Guía para el Refri tiene breves recordatorios y algunos extras (como una oración para alcanzar indulgencia parcial).

  4. Cada noche, reza el Examen de la Noche (encuéntralo en tu Guía para la Mesita de Noche). Este es un repaso de tu día, incluye oración para pedir perdón y para resolverte a hacer las cosas mejor el día de mañana.

  5. Antes de la confesión (o al menos una vez a la semana), lee cuidadosamente el Examen de Conciencia. Reflexiona en tus pecados y fallas, y también en cómo Dios te ha bendecido al crecer en virtud.

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