Mi Encuentro Personal con Dios


Seguro te acuerdas de un canto que dice: "Señor permite que te hable hoy, del dulce encuentro que me cambió..." La primera vez que lo escuché fue en una Misa de Primera Comunión. Tenía unos 6 ó 7 años, pero "El Encuentro" me llenó de gran curiosidad. Esto de "la fuente... el agua que bebí", "la rosa que deshojé", sonaba como una hermosa historia y me imaginaba qué significaría ser la princesa de ese cuento...

Años más tarde, ya como "teen" y luego como chava, esa dulce narración hecha música empezó a verse más y más lejana. Creía en Dios, rezaba, iba a Misa... pero empecé a dudar un poco sobre la existencia de momento preciso del encuentro, de ese choque de lo humano con lo divino que un día lo cambia todo.

Me acostumbré a pensar en Dios como en esa época lo percibía, de una forma etérea. Dejé un poco al lado esa idea de "El Encuentro" y seguí con mi vida de fe, en grises, nublada por las distracciones de la juventud.

Luego, mi mejor amiga me invitó al Coro de la iglesia y, como siempre me gustó cantar, acepté. Supongo que ese fue principio del hilo que me trajo hasta el Señor... (¡Gracias!). En ese Coro al que inicialmente entré por mi juvenil necesidad de reconocimiento, conocí a mi esposo, 10 años después.

Junto a él mi corazón y mi fe cobraron nueva vida. Y cuando nacieron mis hijos entendí a un nivel mucho más profundo que la vida no es nuestra, sino que todo lo que recibimos es en préstamo y le pertenece a alguien más...

Pero seguí caminando...

Un día, hace tres años, ese "encuentro", finalmente sucedió. Súbitamente. Sin aviso. Me desarmó...

Me llamó la atención un curso que anunciaron en mi parroquia llamado "Sacerdote, Profeta, Rey" del Obispo Robert Barron. (Creo que jamás después de la secundaria volví a estudiar algo relacionado con mi fe, hasta entonces). Y me animé a tomarlo.

Fueron unas 8 sesiones en video con discusión al final de cada reunión. Hasta aquí podría sonar como algo de lo más trivial... pero en la primera clase supe que algo me estaba pasando... ¡lágrimas y lágrimas rodaron por mis mejillas!..

Toda una vida de preguntas sin contestar... y de repente entendí mi fe y mi misión. Sin mucha anticipación, sin la fuente, sin la rosa deshojada... de la forma más sencilla y práctica. Pero mi corazón por fin se abrió completamente a la luz de la verdad. Fue como si se subiera un switch... y ¡ha sido el regalo espiritual más maravilloso que he recibido jamás!

A partir de entonces empecé a apreciar más la naturaleza, a escaparme a la biblioteca de la iglesia después de Misa, a leer las lecturas diarias, a dedicar más tiempo a la oración... y dos años más tarde llegó "El Árbol Menta".

Hace unos días, mientras acomodaba unos libros, me encontré con esto que no había visto en mucho tiempo...

Y sonreí...

(Nos dieron un separador al final del curso para anotar lo que habíamos aprendido. Y lo que me quedó ha contribuido enormemente a mi apreciación de la vida y mi relación con Él).

Cuando tengo días difíciles y también cuando las cosas salen bien, me gusta pensar en cómo Dios tiene todo tan perfectamente orquestado, a pesar de nuestras imperfectas demandas, de nuestro creer que lo sabemos y lo merecemos todo.

Él ya tiene arreglado "El Encuentro" con cada uno de nosotros. Algunos lo vivimos a los 30's, otros a los 15's ó a los 50's. Pero el plan ya está... El chiste está en salir a buscarlo, en dejarnos encontrar...

No desesperes si no logras hacer la conexión entre tus deseos y tu oración, entre tu dolor y el sentido de la vida. (Todos pasamos por momentos de oscuridad, pero DIos nunca nos abandona).

No te resistas a Él. Aprovecha esta temporada para dejarte encontrar por Dios: lee su Palabra todos los días, háblale, pídele a María Santísima que interceda por ti, visítalo en el Santísimo Sacramento, haz una buena confesión, comulga...

Un día "El Encuentro" finalmente sucederá. ¡Y lo cambiará todo!

¡Queremos conocer tu historia! Compártenos tu testimonio en El Árbol Menta :)

Nelly Sosa nació en Monterrey y es esposa y mamá católica. Su reencuentro con Dios en el campo y su gusto por escribir la trajeron a El Árbol Menta. Cree firmemente que la oración y el apostolado pueden cambiar al mundo.

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