¿De cuántos regalos espirituales me habré perdido?





Hace unas semanas hice la consagración a San José en una pequeña capilla donde estábamos sólo el sacerdote, una hermanita espiritual y yo.


¡Fue tan especial!


Como sucede con las cosas de Dios, fue un momento íntimo y personal, un regalo inmerecidamente otorgado, pero gratamente recibido.


La invitación a la preparación para la consagración me llegó un poco tarde, pues es la que toma 33 días.


Cuando recibí el material faltaban 10 días para el día de la fiesta de San José, así que pensé en leer 3 capítulos por semana para ponerme al corriente y llegar “preparada”.


Me precupaba cómo le haría para malabarear con todas mis labores y además poder lograr el objetivo de consagrarme, al grado que el buen propósito me empezó por angustiar.


Comentándolo con el sacerdote, expuse que para mí era muy importante conocer qué iba a hacer, a qué me iba a comprometer.


Le pregunté qué necesitaba saber, qué podía hacer para estar realmente lista.


El padre me dijo con mucha paciencia: “No te preocupes de tanta preparación, necesitas como dijo San Agustín: "Creer para entender y no entender para creer“.

Estas palabras retumbaron en mi interior… supe que tenía razón.


La mente en ocasiones (y el enemigo) ponen muchas trabas para avanzar. Surgen cuestionamientos, dudas, crisis de creencias, cuando al parecer, en la fe más que pensar hay que sentir.


¿Cómo estar segura del siguiente paso? Sólo creyendo y confiando más en Dios.


Aunque a penas estoy conociendo a San José, he estado meditando en lo siguiente: ¿cómo no confiar en San José si Dios mismo le encomendó a Su Hijo Amado?, ¿cómo no confiar en él si en su obediencia y fidelidad al Padre guió y forjó a Jesús como un gran hombre?, ¿cómo no confiar en él si en su casto corazón la Santísima Virgen se supo protegida y amada?

Y me pregunto, ¿de cuántos regalos espirituales me habré perdido por pensar demasiado?


Ayúdame Señor a confiar en ti, a sentir con Tu corazón, apártame de la soberbia de pensar que tengo el control de todo y lléname de humildad, como la de San José, para que acoja tus planes como míos y así pueda hacer tu voluntad.




Rossana Guzmán nació en Monterrey. Es esposa y mamá católica y formadora en el Catecismo de El Buen Pastor. Le apasiona leer y conocer más para crecer espiritualmente.

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