Haz una pausa de oración... María te espera para llevarte a Jesús



















Foto: Cathopic/José Ignacio Heredia


Hay días en los que parece que voy en un tobogán. Hay otros días en los que simplemente pareciera que está todo en calma, que todo está callado y que puedo disfrutar con mayor facilidad de diversas actividades.


En los momentos en los que pareciera que voy a toda prisa, todavía no acabo de reponerme cuando viene de nuevo el mar, con sus grandes olas, que me embisten y me dan tremenda revolcada...


Qué importante es que cada día nos detengamos un momento para orar y agradecer a Dios por todos sus beneficios. Sin duda, son estos momentos de oración y de encuentro con el Amado y con María Santísima, los que nos permiten estar fortalecidos para lo que vivimos hoy y para lo venidero.


Desde hace unas semanas, hemos tenido en mi familia una situación que nos ha mantenido alertas y que nos ha recordado constantemente lo frágiles que somos, que nuestra confianza debe estar en Dios.


Hace días me levanté con toda la alegría del mundo para prepararme para dar mis clases y vi que el cielo estaba nublado. Comencé mi oración, agradeciendo a Dios por permitirme amanecer un día más (y por el clima). Y de repente todo cambió.


Llamadas por aquí, llamadas por allá, mi mamá hablando por un lado, mi papá por el otro. Un familiar iba a ser internado, y como era de esperarse, todos estábamos con la preocupación y llenos de preguntas.


Yo que venía ya lista para iniciar mi día con toda la actitud, de repente me vi en ésta situación, sentía como si lo estuviera viendo todo en una película.


Guardé la calma, obviamente me preocupé, pero me detuve un momento y lo único que hice fue mirar a una imagen que tenemos de la Inmaculada Concepción de María, en la sala de mi casa.


Estaba justo frente a mí, y no miento cuando digo que, cada que volteo a ver la imagen, siento que María me mira llena de ternura como diciéndome: "te escucho siempre, cuéntame lo que te pasa, confía en mi Hijo".


Como le dijo a Jesús en las bodas de Caná, siento que a mí también me dice: “Hagan lo que Él les diga”.


Me retiré a orar y a recitar salmos y por la noche rezamos el Rosario en familia. Puse lo que estaba de mi parte, acompañar a mi mamá y a mi familia, con mi escucha y mi apoyo (bendito Dios, aunque mi familiar sigue en el hospital, su estado de salud se ve favorable).


Esa noche al acostarme, me puse a pensar que, siendo yo una persona que se estresa y en algunos momentos se angustia por situaciones que me pasan, Dios ha sido muy bueno conmigo y en momentos específicos me ha permitido tener la calma para poder ayudar a mi familia...


Tengo mucho que agradecerle y pedirle al Señor: que me conceda un corazón generoso y sobre todo que siempre pueda acoger con amor a quien se acerque buscando una palabra de aliento.


Y por supuesto, tengo tanto que aprenderle a María... A ella que siempre esta ahí para escuchar el clamor de sus hijos y llevar nuestras oraciones a Jesús, diciéndole “no tienen vino“.


Qué regalo tan grande tener a nuestra Mamá del Cielo que nos acompaña en cada momento de tribulación y nos sonríe con amor, diciéndonos: "ora y confía".


Recuerda siempre que en tus momentos de duda, en tus momentos de angustia y preocupación, nuestra Madre María estará ahí para llevarte al corazón amoroso de su Hijo. Confíale lo que hay en tu alma y no te arrepentirás.



Jessica Rivera nació en Monterrey. Es diseñadora de modas, repostera por hobbie y amante de los pequeños detalles. En una peregrinación en la JMJ Colonia 2005 tuvo un reencuentro con Jesús y María. Es devota de San José y San Juan Pablo II, autor de la Teología del Cuerpo quien la llevó a lo que hoy es su principal apostolado: es parte del equipo del Taller de La Plenitud de Vivir en Castidad, en la Parroquia de la Santa Cruz, San Nicolás, Nuevo León.

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