Mi Conversión al Catolicismo


Durante los primeros 14 años de mi vida fui formada en una iglesia sin denominación, muy carismática, cercana al área donde vivíamos.

Estaba a punto de entrar a Prepa, cuando mis papás decidieron que sería una buena idea empezar a asistir a otra iglesia que tenía un grupo juvenil muy activo, en nuestro pueblo protestante.

Fue ahí, en el catecismo de los domingos, en las reuniones del grupo, en los campamentos de verano y en muchos viajes de misión, que recibí una base para mi vida cristiana y una pasión por forjar una relación personal con Jesús.

Y fue ahí también donde desarrollé un escepticismo sobre la fe de mis amigos católicos.

Me parecía que había una gran desconexión entre la relación personal que yo tenía con Dios y los rituales y tradiciones de su fe católica.

Tenía muchas preguntas: "¿Qué era esto de hacer sacrificios en Cuaresma?", "¿Y las estatuas por todos lados?", "¿Arrodillarse?", "¿Rezarle a María?". Ninguno de mis amigos católicos podía contestar estas preguntas a mi entera satisfacción.

Llegó el tiempo de ir a la Universidad. Fui una escuela pequeña, privada y ultra conservadoramente cristiana, no muy lejos de mi lugar de origen.

Ahí surgió mi curiosidad sobre la fe católica al empezar mis estudios de Maestra de Español.

Durante ese tiempo, hice muchos viajes de misión a diferentes partes de México donde pude ver la belleza de la gente y su cultura.

Un Hombre de Dios

Al final de mi carrera, tras terminar una relación larga e insatisfactoria, recién graduada y sin empleo permanente, mi futuro no se veía muy claro. Fue una época llena de incertidumbre.

Entonces llegó la oportunidad de ir a otro viaje de misión a México con mi iglesia. Llevaría a un grupo de jóvenes universitarios y yo sería su traductora.

Durante este viaje nos asignaron a una persona para hacer equipos de trabajo. En las horas que pasamos mezclando cemento, acomodando ladrillos y construyendo un techo, mi compañero y yo platicábamos de la vida, de la fe y de todo lo que había entre eso. También dirigíamos la música, él tocaba la guitarra y yo cantaba.

En sus acciones y liderazgo, empezó a mostrarme cómo debía ser un verdadero hombre de Dios, cómo debía tratar a una mujer y cómo había estado conformándome con mucho menos de lo que Dios había deseado para mí en mis anteriores relaciones sentimentales.

Un día decidí decirle lo mucho que apreciaba su trato y su ejemplo (dejándole en claro que no buscaba nada más que su amistad).

Poco después de esta conversación, fuimos a comer y cuando empezamos a rezar... ¡lo ví hacer la señal de la cruz.

Estuve súper distraída durante la oración. ¡¿Cómo era posible?! El hombre al que le acababa de decir que era mi mejor ejemplo de hombre de Dios... ¡Era católico!

Inmediatamente le lancé mil preguntas: "¿Desde cuándo eres católico?", "¿Cómo puedes ser tan devoto, siendo católico?", "¿Le rezas a estatuas?", "¿Y... a María?".

Él respiró y me dijo: "Wow. ¿Por qué no nos vamos más despacio y contestamos estas preguntas una por una". En los siguientes días empezó a responder a cada una de ellas.

Cada respuesta era articulada y apoyada en citas bíblicas. Cada respuesta generaba más preguntas y me llevaba a ahondar más en la fe católica.

Después del viaje intercambiamos números telefónicos y correos electrónicos y de esta forma siguió contestando mis dudas.

Pasábamos horas juntos (en el teléfono) e investigando sobre los "libros extra" contenidos en la Biblia, los santos y María y las tradiciones de la fe católica.

El momento que lo cambió todo

Continuamos discutiendo las diferencias entre la fe protestante y el Catolicismo. Desde luego, la mayor diferencia es la transustanciación y la Eucaristía y para este tema fundamental, leí Marcos 14:22-24:

"Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se los dio diciendo: «Tomen; esto es mi cuerpo.» Tomó luego una copa, y después de dar gracias se las entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por ustedes".

En ese momento... Tuve una nueva visión, un nuevo entendimiento...

Había leído la Biblia muchas veces en mi vida, pero nunca lo había hecho de la forma en que un católico lo hace.

Requiere una fe extraordinaria llegar a creer que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la sangre de Cristo. Fue ahí donde me convertí en católica de corazón.

Durante este tiempo, mi alguna vez compañero de trabajo se convirtió en mi novio, cambió su carrera a Teología y se transfirió a una Universidad Católica carismática con un programa RCIA (Rito de Iniciación Católica para Adultos) de muy buena reputación.

Me registró en las clases e inicié lo que afectuosamente llamé mi "Campamento Católico Intensivo". Las clases eran demandantes, a veces estaba ahí todo el sábado y domingo y requerían muchas horas de lectura y reflexión personal fuera del salón. Ahí conocí a muchos católicos muy devotos.

Aprendí sobre la comunión de los santos, lo que resolvió mi conflicto de "rezar a los santos y a María", experimenté la libertad que da la confesión y en la Pascua del 2005, me regocijé al recibir la Eucaristía por primera vez.

Los planes de Dios no son los nuestros

Al mismo tiempo que yo me adentraba en mi fe, mi novio empezó a profundizar aún más en la suya e inició un proceso de discernimiento para el sacerdocio.

Se me rompió el corazón...

Creía haber encontrado mi llamado a formar una familia con él. Cambié mi manera de relacionarme con Dios por completo y mi red de soporte de pronto desapareció.

Mi familia no me había apoyado mucho en esta decisión de ser confirmada en la Iglesia Católica (de hecho, sólo la familia de mi novio viajó para estar en la Vigilia Pascual donde me inicié), y ahora, una vez confirmada, ya no tendría a mis compañeros de clase, ni a mi novio o a su familia para motivarme.

Mi sueño de una vida llena de niños, música y catolicismo empezó a desvanecerse...

Mi novio y yo nos separamos. Yo cambié de trabajo y regresé a casa, a mi pueblo protestante. Recé mucho.

Mi familia empezó a presionarme para ir a su iglesia, preocupados por mi estado de soltería.

"Al hacerte católica, has cerrado tus opciones de parejas potenciales considerablemente", me recordaba mi papá, aunque era algo por lo que yo ya había gastado muchas lágrimas.

Pero en medio de todo esto, la soledad dejó un espacio para que yo pudiera ver la profunda conexión entre los rituales y el corazón.

Aún cuando mis emociones eran muy variables y mi corazón estaba roto, la oración, la liturgia y la comunión me aterrizaron.

Me arrancaron casi todo lo que quería y finalmente experimenté en mi alma el significado de "Dios con nosotros". Tuve que mantenerme fiel a Él y no a la gente que me había llevado a Él.

Aunque estaba ciertamente enojada con Dios, no tenía otra opción que descansar en Él para que me ayudara a superar este tiempo de soledad.

Y así lo hizo. Retomé contacto con algunos de mis alumnos del campamento de verano protestante y ellos me reunieron con un viejo amigo de la Prepa.

Matt era católico y nos llevábamos bien. Él era uno de aquellos a quienes yo lanzaba preguntas sobre su fe que no pudo contestar cuando éramos adolescentes.

Ahora que éramos adultos jóvenes teníamos un poco más de experiencia en la fe y más en común que cuando lo conocí.

Un día le dije que iba a ir a su iglesia y que me sentaría entre los vitrales de San Esteban y Santa Ana, en la Misa de las 10:30 de la mañana.

Llegó y me acompañó y nuestra fe en común dio pie a una relación.

Tres años más tarde nos casamos y tres años después de eso, tuvimos a nuestro primer hijo.

Este año 2019 celebro 14 años de ser católica. Hace 15 años, en ese viaje de misiones, jamás habría imaginado cómo sería mi vida ahora, pero me alegra que Dios me haya llevado de la mano en cada paso, en cada reto, para poder llegar a donde estoy hoy.

Hannah Hazi es esposa y mamá católica de 3 pequeños menores de 6 años. Es maestra de español a nivel preparatoria en un pueblo en Pensilvania. Comparte su talento en el ministerio de la música en su parroquia. Le gusta cocinar, leer, pintar y hacer actividades al aire libre.

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