Templanza: Moderar tus Apetitos


Este post fue publicado originalmente en inglés en To Jesus, Sincerely y fue traducido y publicado en El Árbol Menta con permiso de su autor.

Oreos y Netflix, y Facebook… ¡Ups!

No quería escribir este reto. Por las galletas Oreo. Y el Netflix. Y el tiempo infinito en Facebook.

No quería escribirlo. Pero tenía que hacerlo. La auto-indulgencia es tan.difícil.de.resistir.

Se me hace agua la boca cuando paso por la calle de restaurantes de comida rápida en el centro de la ciudad. Mi tablet brilla hasta altas horas de la noche cuando no puedo dejar de ver imágenes en ella. Y mis oídos se alertan cuando escucho a alguien decir: "¿sabes lo que ella me dijo la semana pasada?".

Templanza, eres tan escurridiza. Te necesito tanto, pero a la vez no te quiero cerca de mí.

Dios, dame la gracia de desear templanza. Muéstrame en qué áreas de mi vida la necesito. Y ayúdame a crecer en la templanza este mes. Amén.

¿Qué es la templanza en sí?

La templanza es una de las virtudes cardinales. Nos ayuda a moderar nuestros apetitos, nuestro deseo de placer. Pero, antes de que te vayas, pensando que voy a empezar con que "todo el placer es malo", déjame decirte algo.

Dios nos dio el placer por una razón. Comer nos mantiene vivos. El sexo conserva a la raza humana. Netflix mantiene a mis hijos felices mientras me baño. Pero si comemos sin parar, no sería para nada saludable. Y contrario a la opinion popular, el sexo es mejor dentro del matrimonio. Netflix es bueno, a menos de que nos prive del sueño.

Así que Dios nos da la templanza para ayudarnos a encontrar y poner límites saludables a las cosas buenas. Para ayudarnos a encontrar un balance. ¿Quién necesita más de esto? *Yo*

Modera tus apetitos: Evita la gula

¿Existe por lo menos alguien entre nosotros que esté libre de este vicio? Piénsalo otra vez: el tamaño de la ración de Oreo son 3 galletas. Ups. Pero dejando a un lado las obvias caídas, la gula no sólo se refiere a comer de más. Incluye cosas como: ser demasiado "picky" con tu comida, comer menos de lo necesario, beber irresponsablemente o elegir snacks azucarados en lugar de los saludables. La tentación está en todos lados: el drive-thru de Dunkin Donuts me llama. Y si damos un vistazo honesto a nuestro alrededor, nuestra cultura está sufriendo de este pecado. No estoy hablando de tallas de ropa. Tener sobrepreso no es un signo externo de gula. Cualquiera puede batallar con la gula, sin importar su complexión. Yo soy muy delgada y también necesito poner atención en esto.

  • Intenta ayunar

La Iglesia sólo requiere dos días de ayuno a lo largo del año. Honestamente, yo podría tomarlo más en serio. Y sólo hay una hora de ayuno antes de recibir la Comunión. Sólo una hora. Si no puedo dejar de consumir alimentos por un corto periodo de tiempo, hay algo que tengo que corregir. (A menos que tengas náuseas de embarazo... ¡una cantidad consistente de galletas saladas que te evite el malestar es medicinal!). Conozco personas que ayunan como parte de su rutina y admiro su autocontrol. Si te sientes llamado a esto, ¡hazlo!

  • O come sanamente

Una manera de combatir la gula es al tomar decisiones sanas y balanceadas. Podemos comer de snack uvas en lugar de galletas. Podemos comer huevos en el desayuno en lugar de una dona. Podemos saltarnos la segunda cena y evitar beber irresponsablemente. Y si comer menos de lo necesario es nuesto problema, podemos elegir comer tres comidas al día y un snack cuando sea necesario. Podemos hacer a un lado la obsesión por contar calorías y abrazar los alimentos que nos aporten algo.

Evita la lujuria

Tenemos todo un reto que vendrá próximamente sobre la virtud de la castidad, pero nos haría falta si no lo mencionáramos por lo menos al trabajar en la templanza. La promiscuidad sexual pareciera ser la norma en nuestra cultura. Todas las parejas hacen el amor. Todas las marcas anuncian sexo. Todos los shows y películas tienen al menos una escena desafortunada de sexo. El sexo es maravilloso, es placentero, pero también es MUCHO más que eso. El sexo es sagrado. El sexo da vida. El sexo es amor. Resiste a la tentación de abaratar su valor, de reducirlo a placer. Dí no a la pornografía, la lujuria, la masturbación. Dile sí al plan de Dios para tu cuerpo.

  • Practica el servicio y el sacrificio

Estés o no casado, tu cuerpo fue hecho para dar y recibir. Fuimos creados para vivir en comunidad, para necesitarnos unos a otros y para amarnos unos a otros. Practica el servicio. Haz pequeñas cosas para ayudar a quienes están a tu lado, para hacer sus vidas más sencillas. Sal de tu zona de confort para hacer algo amable por alguien más. Haz un sacrificio que realmente no te gustaría hacer, sólo para hacer sonreír a un amigo. Y cuando necesites ayuda, acéptala con gracia. Habla el lenguaje de dar y recibir para el que tu cuerpo fue hecho. Si estás casado, este diario amor sacrificado culmina en el acto sexual. Si no lo estás, espera por esa persona a quien le darás todo tu ser.

  • Practica la castidad en el matrimonio

Para quienes están casados: estamos llamados a la castidad también. El anillo en tu dedo no es un pase para hacer lo que quieras. Asegúrate de respetar las necesidades de tu esposo o esposa. Tu intimidad sexual debe expresar plenitud, dar y recibir desinteresadamente. Practica la templaza al poner una raya a aquello que podría ser denigrante para tí y para tu pareja, o que podría limitar algún aspecto de tu amor. Checa el libro "Holy Sex!" para unos buenos consejos prácticos.

Limita el 'screen time'

Mi esposo y yo hemos estado viendo S.H.I.E.L.D en Netflix. Cada episodio termina al filo del abismo, con algo que me deja rogando por más. Siempre quiero ver más de un episodio. Pero sé que necesitamos dormir más o lo lamentaremos a la mañana siguiente. Apagamos la tele y ahora voy por mi tablet. Quiero checar Facebook una vez más antes de dormir, pero tiene está opción fatal del scroll infinito. Cinco minutos se convierten en una hora y sigo despierta. Todos tenemos algo que nos engancha. ¿Cuál es para tí ese veneno?

  • Trata mejor de desconectarte

No necesitas descomponer tu tele o borrar tu cuenta de Facebook. Pero haz un plan para balancear tu tiempo de pantallas con tu tiempo de desconexión. Reserva momentos para desconectarte de la tecnología. La hora de la cena es sagrada: no teléfono, no tele, no música. Sólo gente en vivo y comunicación a la antigüita. Algo que nuestra familia hace de vez en cuando (y que tenemos que hacer otra vez) es elegir un día a la semana donde tengamos ayuno de pantallas. Si escogemos los Viernes: no pantallas, uso limitado de teléfonos (textos y llamadas con moderación y jugamos mucho. ¡Inténtalo!

Evita el impulso de gastar y de ahorrar en exceso

Gente, Amazon. El pasillo de descuentos de Amazon. Todo lo que venden en Target. ¡Y los envíos gratuitos! ¿Qué tienen de malo? Ahora, checa tu casa. ¿Cuánto de eso que tienes acumulado nunca ve la luz del día? o ¿nunca se usa? ¿está destinado a la basura la próxima vez que te cambies de casa? O, tal vez eres todo lo contrario... no te encanta gastar, pero eres la reina de la vida simple. No gastas ni un centavo más de lo necesario. Te rehúsas a desprenderte de tu precioso dinero ganado con el sudor de tu frente por gastar en algún placer pasajero. ¡Relájate, mujer! (Me estoy hablando a mí misma...) Haz a un lado tu apego al dinero.

  • Haz un presupuesto y dona a instituciones de beneficencia

Planea cómo quieres gastar tu dinero y cúmplelo. Si tiendes a despilfarrar, pídele a alguien que te ayude a ser consciente de tus compras. Tu esposo, una amiga, tu papá, pueden ayudarte a decidir si realmente necesitas ese par de botas, si las necesitas sólo porque están a muy buen precio o si ya tienes suficientes zapatos en tu closet. Si eres extremadamente cuidadosa con cada centavo, incluye en tu presupuesto algo de dinero sólo para diversiones. Y no te sientas culpable de gastarlo en nieve, un día en el parque acuático con los niños o en esa blusa nueva que te encantó.

Evita el chisme

Usualmente, empiezo con una preocupación sincera: ¿cómo está tu hermano? Y de repente se convierte en una latente curiosidad: ¿Qué qué? ¿Se casó? ¡Y qué más! Otras veces, esa inocente platicadita se vuelve queja y crítica a otras personas. Es tan sencillo enredarse en la opinión popular. Se siente uno más seguro haciendo equipo para una queja común que alejándose de una conversación enfermiza. Pero eso es lo que es: enfermiza. Es mala para nuestra relación con Dios, con nuestros amigos y para nuestro orgullo. Y es mala para otros. Destruye su reputación y libera información privada. Alguna vez has terminado una conversación pensando: "Si eso es lo que dice de ella, que dirá de mí". Aunque no sea algo tuyo, te afecta. Y afecta mucho más a la persona de la que se está hablando.

  • Usa palabras de vida

Deja ir la curiosidad vana y la tentación para el chisme. Puede traerte un placer momentáneo, te hace sentir en confianza. Pero al final todo el mundo sale lastimado. Hay ciertas cosas que puedes hacer en lugar de eso. Si eres directo y valiente, interrumpe la negatividad con un cumplido. Vanessa puede masticar muy curioso -"pero tiene un corazón muy generoso: siempre está ahí para mí cuando necesito hablar con alguien". Si no eres tan valiente (como yo) dá pequeños pasos. Yo no tengo el valor para contradecir a la gente, pero sí puedo cambiar de tema rápidamente. "¿Viste hoy el video de la mamá que se está maquillando? ¡Así me siento yo todos los días!". Si la conversación da un giro peor, trata de rezar y hacerte a un lado. Asegúrate de que tus palabras siempre den vida y amor, sin importar lo tentador que pueda ser encajar en el círculo del chisme.

Toma el reto:

¿Estás listo para crecer en la templanza? ¡Vamos a arrancar! Aquí está lo que necesitas: ​

  1. Prepárate. Lee de nuevo este post detenidamente y reflexiona sobre lo que significa en tu vida. Imprime tus materiales y déjalos a la mano.

  2. Cada mañana, empieza el día haciendo oración (encuéntrala en la Guía para la Mesita de Noche).

  3. Durante el día, usa tu Guía del Refri para ayudarte a integrar la templanza en tu vida. Tu guía tiene recordatorios breves y algunos extras (como una oración para obtener indulgencia).

  4. Cada noche, reza el Examen Nocturno (encuéntralo en tu Guía para la Mesita de Noche). Esta es una evaluación de tu día. Incluye una oración de perdón para recomenzar, si es necesario, al día siguiente.

  5. Antes de confesarte (o una vez a la semana por lo menos), lee detenidamente el Examen de Conciencia. Reflexiona no sólo en tus pecados y fallas, sino también en cómo Dios te ha bendecido al crecer en virtud.

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