Dios para Todos


En los últimos meses he pensado mucho en el hecho de que cada vez son más las personas que se jactan de no creer en Dios o de tener su confianza puesta en sí mismos. Pero, a pesar del agnosticismo y el ateísmo que cada vez se vuelven más populares, creo que Dios, con todo y nuestra resistencia, tiene sus maneras de guiarnos hacia Él.

En realidad no importa si creemos o no en Dios, porque es un hecho que Él cree en nosotros, tanto que nos envió a su Hijo para que descubriéramos el camino para llegar hasta su amor. Su confianza está puesta en nosotros y es tan grande... Nuestro Señor sabe que un día, por fin, llegaremos a Él: abriremos la puerta y seremos reflejo de la fuente de todo lo bueno.

Cómo lo menciona C. S. Lewis en su libro “Mero Cristianismo”, Dios es como un sol que alumbra a todos sus hijos. Si no sentimos esa luz que proviene de Él, ese amor, es porque nosotros, somos como un espejo y cuando nuestra superficie está llena de polvo no logra irradiar la misma luz que un espejo reluciente y limpio. Es cómo si no recibiéramos la luz en un inicio. Pero en el momento en que obramos de buena voluntad, nos preocupamos por el prójimo, defendemos la justicia y la verdad, practicamos las virtudes y acudimos a los Sacramentos, en pocas palabras, cuando nos sintonizamos con todo lo que Jesús con sus enseñanzas nos ha mostrado, no hay forma de que no recibamos y reflejemos la luz de Dios.

A tal forma que, en ocasiones una persona no creyente, pero que es justa y busca vivir en la virtud pudiera ser más reflejo divino que un creyente. Mas, ¿cuál es el camino más corto para lograr transformarnos y domar nuestro espíritu? Jesús. Él nos dice cómo llegar a ese camino, pero primero hay que conocerlo y para conocerlo hay que acercarse, así es como lograremos potencializar los dones infinitos que Dios nos ha regalado.

Desde luego, esto no es fácil. En nuestra naturaleza existen la debilidad, el error, la excusa, pero el primer paso es la disposición, la voluntad de vivir en la gracia. Dios nos ha armado con el Espíritu Santo para permanecer en su amor, no importa cuántas veces caigamos pues gracias a la fe en Él nos levantamos. ¿Cuál es el propósito de esta vida si no el de ser felices? Cuando centramos nuestra vida en la de Él, esa felicidad que va más allá de toda comprensión, se hace posible, aún en medio de las pruebas.

En Juan 10, 9 leemos: "Yo soy la Puerta: el que entra por mí está a salvo. Circula libremente y encuentra alimento". Él ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Date la oportunidad de dejarlo entrar en tu vida. Aplico esta frase para mí misma y te invito a que tu también la incluyas en tus días: “Haz la prueba y verás que bueno es el Señor” (Salmo 33).

“(Dios) muestra mucho más de sí mismo a algunas personas que a otras, no porque Él tiene favoritos, sino porque es imposible que se manifestara con un varón que toda mente y el carácter se encuentran en el estado equivocado. Así como la luz del sol, a pesar de que no tiene favoritos, no puede ser reflejada en un espejo polvoriento tan claramente como en una limpia“, C.S. Lewis, Mero Cristianismo.

Rossana Guzmán nació en Monterrey, N. L. Es esposa y mamá, miembro activo del Apostolado “Makarias” y voluntaria en el catecismo de El Buen Pastor. Le apasiona conocer más para lograr el crecimiento espiritual.

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