El Reto de Ser Joven HOY

El camino de Dios es uno de los más difíciles y aún más para los jóvenes de hoy. Vivimos en un mundo materialista e individualista, en un mundo lleno de tentaciones que crecen de manera exponencial y en donde nos hemos olvidado del prójimo, de sus necesidades y llenamos nuestra vida de felicidad falsa...

Mi nombre es María Fernanda Cadena González, tengo 21 años y soy estudiante de sexto semestre de la Licenciatura en Finanzas y Contaduría en la Universidad La Salle Chihuahua. Hoy quiero platicarte un poco sobre cómo he podido hacer frente a todos estos retos que los jóvenes enfrentamos, de la mano de Dios y de María.

En medio de tantos ruidos que hay alrededor, creo que a través de la oración ha sido la única manera en la que he podido escuchar realmente a Dios. Y cuando digo “oración” no hablo de estar hincado o con el Rosario en la mano todo el día. Si bien ir a misa, visitar al Santísimo y estar en gracia son esenciales, me refiero a hacer de tu vida una oración. ¿Cómo? Ayudando al prójimo, realizando obras de misericordia, regalando una sonrisa… Hay muchísimas formas de hacerlo y creo que es ahí en donde Dios te habla y eres capaz de escucharlo, a través de las personas o de situaciones que se presentan en tu vida.

Soy miembro del movimiento de Schoenstatt, apostolado de formación y autoeducación en la fe con presencia en los cinco continentes, conformado por sacerdotes, hermanas y laicos que se organizan en distintas comunidades. Dentro del movimiento participo en la rama de juventud femenina, desde hace casi tres años. Como parte de mis actividades, tengo junta una vez a la semana con mi grupo de vida, el cual formamos tres personas y nuestra líder. Ahí vemos temas de crecimiento en la fe y personal y luego los aplicamos a nuestra vida diaria. Además, una vez a la semana tengo junta de Escuela de Líderes, en la cual se nos prepara para dirigir algún grupo de vida dentro de la rama.

Otro apostolado al que he sido llamada es a las Misiones: buscamos compartir el amor de Dios a aquellos que aún no lo conocen o lo conocen poco, mediante la oración, el sacrificio y el testimonio vivo. Disfruto mucho ir de Misiones y ahí he tenido experiencias extraordinarias que han marcado mi vida. Si tuviera que describirlo diría que son momentos en los que te desprendes de todo lo que tienes y realmente te sientes más lleno que nunca, sientes que no te falta nada. Es algo que realmente me llena y en donde he podido ver y valorar aún más las bendiciones que día a día Dios me regala, especialmente el don de la vida y mi familia; es algo que se vuelve un estilo de vida.

Este año también fui invitada a servir a un grupo de jóvenes llamado “Judá”, en el cual compartimos con los jóvenes temas, experiencias, retiros y actividades que les ayuden a conocer, crecer y fortalecer su relación con Dios.

Algo que pasa muy seguido es que la gente cree que por estar cerca de la Iglesia debes de ser un “santo” y cualquier cosa que haces la juzgan y te dicen: “¿No que eres misionera?”, “¿de que te sirve estar tan metida en todas esas cosas?”. Pero lo que no ven es que ser parte de la Iglesia es reconocer que somos pequeños y que necesitamos de Dios para poder salir adelante. Estar en la Iglesia Católica es estar luchando una diaria batalla contra el mundo de hoy, contra la poca moral de la sociedad, por defender los valores y en ese luchar está el caer, el equivocarse y el volverse a levantar.

Sin duda alguna, el mayor obstáculo que he enfrentado en este camino he sido yo misma. Es muy fácil caer en la conformidad y creer que porque ya has hecho algo bueno "con eso basta". También es normal tener miedo, pues no es fácil permanecer firme en la fe ciega en Dios y algunas veces eso te detiene a actuar. El camino de Dios es un camino en el cual, entre más te vas acercando, más tentaciones y retos se te presentan y la única manera de seguir adelante es agarrándote fuertemente de la mano de Dios y de María.

Con todo esto no busco asustarte, sino invitarte a no dejarte vencer a la primera dificultad que se presente y seguir luchando contracorriente. Siempre habrá momentos difíciles, problemas, personas que piensen diferente a ti, momentos en los que tendrás que defender tus ideales... Lo que cambia es la manera de atravesar por esa situación: solo o acompañado por Dios, y realmente la satisfacción de luchar con él cada batalla, esa felicidad que te deja y las enormes bendiciones que derrama, valen la pena totalmente.

Durante las Misiones de Schoenstatt, Semana Santa 2015 en Amolitos, Querétaro.

Aquí estoy en el Santuario de Schoenstatt "María Camino al Cielo" (Monterrey) con la Virgen Peregrina de Familias.

Esta foto es en Misiones con Comunidad Misionera Semana Santa 2014 en Las Pomas, Chihuahua.

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