“Tu Fe es producto de la oración de tu Madre”


Foto: Cathopic / Exe Lobaiza



Hace unas semanas se cumplieron 15 años desde que inició mi proceso de conversión.


Sigo en la carrera, en la búsqueda constante y comprendiendo cada día las gracias que el Señor renueva, la manera en que confía en mí y por eso me siento capaz de seguir firme en la fe.


La Fe es un don, un regalo gratuito que el Señor otorga a quienes se lo piden.

Me detengo aquí un momento. Hace 15 años o más, no recuerdo nunca habérselo pedido, no recuerdo ni siquiera haberlo buscado: tenía una catequesis, una formación de parte de la Parroquia, sin embargo, no había interiorizado nada de lo que ahora, por su gracia puedo atesorar.


Éste año, poco antes de la Fiesta de Corpus Christi, pensando en lo que iba a hacer para festejarlo con los niños, trataba de escribir algunas palabras, pero no llegaba ni siquiera a ser una frase.


Un día, realizando mis labores como madre y ama de casa, el Señor me regaló un pensamiento: “Tu Fe es producto de la oración de tu madre”…

¡Me quebré! Enseguida recordé a mi madre linda de rodillas, clamando a Dios por mí, horas y días… Pidiendo intercesión a sus amigas de Biblia y a una religiosa adoradora.


Hoy no sólo celebro y me gozo en mi camino, si no que reconozco a mi madre en todo éste bendito proceso de conversión.


Ella es un testimonio muy fuerte en mi vida. Hace 15 años nuestra relación no era como la de hoy.


Hace poco le dije: “gracias a que tú me soltaste para abandonarme en las manos del Señor, yo pude salir adelante”.

Y explico un poquito ese “soltar”: mi mamá comprendió que nada depende de nosotros y que sólo es desgastante querer imponer nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.


El Señor desde antes de que yo naciera soñó un sueño para mí, y aunque yo me desvié una y otra vez, siempre estaba ahí a un ladito esperando a que yo le abriera la puerta, a que yo le permitiera entrar, ese proceso aunque estuvo acompañado de otras personas, era sólo entre el Señor y yo.





Mi mamita linda pudo comprenderlo por el sabio consejo del Espíritu Santo en boca de la religiosa.


Pasaron más de 10 años para que yo comprendiera que el Señor quiso abrazar mi corazón en el día que la Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.


El Señor me ha llevado de la mano como a una niña pequeñita y se ha desbordado en amor a mí como el mejor Padre y la mejor Madre.

Hoy le pido su gracia para amarlo cada día más y mejor, para poder ser testimonio dentro del mundo tan lastimado, y que a la vez por su dolor lastima a otros y en esos otros está el mismo Cristo sufriendo.


Tú también puedes pedirle: “haz mi corazón semejante al tuyo: humilde, misericordioso y perseverante en el amor, en la oración y en las buenas obras”.


Nunca es tarde para abrir tu corazón al Señor, Él mismo quiso tener un corazón humano capaz de poder comprender tu dolor y de curarlo, para que desde tu sanación puedas ser luz y amor para otros.


Y siempre pídele a tu mamá que no deje de rezar por ti.




Gaby Briones es una hija muy amada de nuestro buen Padre Dios. Licenciada en educación preescolar, con especialización en psicopedagogía, labora en un Centro de Atención Infantil, es mamá homeschooler católica de sus 3 pequeñitos y asesora laica de una comunidad del Apostolado de la Cruz de adolescentes y jóvenes. Le apasiona la lectura, estar en continua formación, le encanta el té de menta, pero sobre todo seguir conociendo al Señor para amarlo en su familia.

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