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¿Será la Fertilización in vitro una opción para nosotros?




Cada día más parejas se encuentran confundidas al tratar de resolver un problema de fertilidad. Las causas son diversas, pero en medio de la confusión, muchas parejas creen que la mejor solución, o incluso, la única es: la Fertilización in vitro (FIV).


Es comprensible y legítimo el deseo de ser padres, pero también es necesaria la reflexión, por el bien del matrimonio y los posibles hijos.


Reflexionemos esta famosa técnica de forma muy resumida, en 3 vertientes:


1) el respeto del embrión

2) la naturaleza de la sexualidad y del acto conyugal

3) la unidad de la familia.


El respeto del embrión, o sea el hijo en etapa embrionaria.


Primero pensemos en si se trata de TENER hijos o de SER padres. No es lo mismo. El puro deseo de tener o poseer, nos lleva a cosificar a las personas, en este caso, tanto a la pareja como a los hijos.


En cambio el ser auténticos padres, nos lleva al amor, a la búsqueda del bien de los hijos. Ser, no es sencillo. Ser papá, ser mamá, involucra esfuerzo, inteligencia, voluntad, desde todo lo que es la persona, y eso no se consigue pagando a una clínica de fertilidad, claro, ni tampoco teniendo muchos hijos de forma natural.


¿Tener hijos es un derecho? Si fuera un derecho entonces el gobierno y la sociedad están obligados a darlos. Por supuesto, no es un derecho, sino un don. Don que hay que saber respetar y administrar.


Con la ciencia y la filosofía, a todos nos queda claro que la vida de cada persona inicia en la fecundación, cuando se unen el óvulo y el espermatozoide. En el caso de la FIV, esto sucede en un plato de laboratorio, no en el calor humano del útero femenino, como sucede naturalmente.

En los laboratorios se intenta igualar el ambiente bioquímico del útero, o sea, en cuanto a nutrientes, por medio de un medio de cultivo “adecuado”, que a lo largo de los años se ha ido “innovando”, pero estamos conscientes que jamás igualará al útero de su mamá.


¿Qué implicaciones biológicas tiene esto? Hay científicos que hablan de implicaciones epigenéticas, o sea, en la expresión de los genes en el hijo-embrión por efecto del ambiente que le rodea, lo que no sólo tiene consecuencias inmediatas en sus funciones y salud, sino a largo plazo (años) incluso de por vida, ¿negativo? ¿positivo?


Pocos lo quieren indagar, ¿quién quiere que investiguen a su hijo adolescente para ver el efecto de su manipulación cuando fue embrión? ¿Cómo será el sentido de pertenencia del hijo al saber que no fue concebido en un acto íntimo entre sus padres, sino en la acción técnica e instrumental de un químico o biólogo, en una fría mesa de laboratorio? ¿Habrá consecuencias en su identidad?


¿Se preguntará “quiénes son mis padres”? “¿Si no tuvieran dinero mis papás o nadie pagara impuestos o no hubiera eficiencia técnica, yo no existiría?” Todos celebramos muchos avances de la ciencia, pero decirle a un hijo que gracias a ésta, existe, o algo como “¡qué bien elegimos a la clínica!”, podría provocar crisis de identidad a nuestros hijos.


Otra cuestión es: como producto que se encarga, el hijo-embrión debe, muchas veces, cumplir con las exigencias del cliente, realizándole entonces estudios genéticos antes de la implantarlo en el útero, en pro de una supuesta prevención de enfermedades.


Y ¿qué se hace con los hijos-embriones enfermos? La medida de nuestra humanidad, no consiste en no tener entre nosotros a los enfermos, sino en lo que de ellos hacemos.


En muchos países, como México, no existe una Ley o Normas que rige el actuar de las clínicas de FIV, por lo que estas se “rigen” por otras leyes, sobre todo por aquellas más liberales, como las de España. Pero si ni siquiera las leyes liberales encajan con lo deseado, simplemente, se hace lo que se desea.


Algunas clínicas fertilizan 5, 10, 20 óvulos, implantan 1, 2 o 3 embriones y el resto se congelan. Al tener hijos-embriones congelados ¿estaremos frente a un tipo de esclavitud? Congelados quedan expuestos a una suerte absurda, sin posibilidad de ofrecerles vías de supervivencia seguras y alcanzables lícitamente. Incluso hay un mercado donde supuestamente se “donan” los embriones, pero es lógico que las clínicas ganan dinero con cada pareja que atienden…


La cantidad de hijos-embriones congelados ha sido un grave problema, pues al sobrepasar el límite de los congeladores, las clínicas no saben si sacrificarlos de forma “especial”, desecharlos como cualquier residuo biológico, donarlos a la ciencia para investigación (con respectivo permiso), buscar madres adoptivas para implantarlos, etc. Estos dilemas son (o debieran ser) muy dolorosos para los padres, el personal médico y la sociedad en general.


Sexualidad humana y el acto conyugal.


Reducimos la sexualidad a lo puramente biológico (material), sin contemplar a toda la persona (cuerpo, mente, alma, comunidad).


No es lo “artificial” sino el origen de una persona con dignidad, producto del amor y no de la técnica.

Hay una despersonalización y cosificación de la pareja.


No es una cuestión religiosa, sino una cuestión humana, antropológica integral.


¿Hasta qué punto el acto médico tiene carácter de ayuda terapéutica o, en cambio, se convierte en acto sustitutivo y manipulador?

Curar es eliminar obstáculos, remediar males, no sustituir a la pareja en lo que es exclusivo de ella, entonces ¿por qué no ayudar al acto, resolviendo la causa de la infertilidad?


Aunque no es una cuestión religiosa, la Iglesia nos da mucha luz, promoviendo el respeto a las dos dimensiones del acto conyugal: es unitivo y es procreativo. Si nos enfocamos solo en la procreación, lastimamos la unidad de la pareja.


La unidad de la familia.


Hablamos de un hijo agregado o introducido desde el exterior, lo que puede provocar crisis de identidad al hijo, también entre hermanos o entre padres-hijos en un futuro.


Cuando existe donación de óvulos o esperma (terceras personas), también hay potenciales crisis de identidad de los hijos y de los padres. Las relaciones paterno-filiales son trastocadas.


En algunos países, cuando hay donantes de esperma, se limita a 5 hijos nacidos vivos del donante, pues el encuentro entre hijos del mismo padre biológico puede traer severos problemas. Ese padre es solo un “prestador de material biológico”.


En muchas clínicas de fertilidad, existe también un lamentable método: la renta de úteros, lo que conlleva nuevas crisis de identidad y filiación, también en la familia que gesta al bebé. ¿Explotación de mujeres con fines reproductivos?


Con todo lo que la ciencia puede lograr hasta hoy, el extremo sería tener 4 mamás y 2 papás. ¿Cómo sería la vida y emociones de un bebé, niño, adulto originado de esta forma?


Todas estas reflexiones deben guiarnos a redimensionar las esperanzas terapéuticas y riesgos en los que ponemos a cada familia y a toda la sociedad.


La Iglesia en diversas ocasiones y sobretodo iluminados por el Papa San Juan Pablo II nos reitera que:
La dignidad del hijo exige que su origen sea consecuencia directa de un gesto humano y personal adecuado: amor esponsal (unitivo y procreativo) que es contexto digno.

Para una pareja de esposos que desean encontrar "en el hijo una confirmación y una realización plena de su donación recíproca", la infertilidad puede constituir indudablemente un motivo real de mucho sufrimiento y fuente de ulteriores problemas.


No cabe duda de que el deseo de ser padres es, en sí mismo, totalmente legítimo y signo afirmativo de un amor conyugal que quiere crecer y ser completo en todas sus expresiones. Sin embargo, conviene que el comprensible y lícito "deseo de un hijo" no se transforme en un pretendido "derecho al hijo", incluso "a toda costa".


El don de la fecundidad conyugal debe concebirse de modo mucho más amplio que su mera dimensión de fertilidad biológica. El amor esponsal, está llamado siempre a amar, servir, defender y promover la vida humana.

¿Entonces cómo ayudamos a las personas con infertilidad sin lastimar la dignidad de los hijos y los padres?


Existen métodos naturales para reconocer la fertilidad y además especialistas médicos en Naprotecnología.

Todo esto lejos de lastimar, promueve:

  • Unidad en el matrimonio.

  • Diálogo entre esposos.

  • Respeto mutuo.

  • Hay una responsabilidad compartida.

  • Autocontrol y autodominio.

  • La ternura y el afecto, siendo estos, el alma profunda de la sexualidad humana.

  • Enaltecer todas las dimensiones de la sexualidad: espiritual, física, intelectual, comunicativa, emocional.

La Naprotecnología busca resolver las causas de la infertilidad, sin sustituir ni manipular, incluso antes de intentar ser padres, por simple salud.


Creo que si hacemos de los métodos naturales, lo más común y parte de la educación y cultura, nos ahorraríamos muchísimos sufrimientos en las familias.


Sé que todo lo que involucra educación, esfuerzo, autodominio va a generar resistencia, pero es así, precisamente, como nuestro Señor Jesucristo nos ha mostrado el camino de la felicidad. De Su mano y de Nuestra Santísima Virgen María, podemos lograr un amor fecundo.

Pidamos con toda nuestra devoción, por todas las parejas que buscan el don de los hijos, para que decidan caminos de paz, que consoliden su amor y les acerque más a la felicidad eterna. Amén.



Para profundizar en estas reflexiones, te invito a leer los pasajes de la Biblia:


“¿Dónde está tu hermano?” (Gen 4, 9), “Un regalo del Señor son los hijos” (Sal 127, 3), “Lo que hagas a uno de estos pequeños, a mí me lo haces” (Mt 25, 40), “Antes de que te formaras en el vientre de tu madre, te conocí” (Jer 1, 5), “Eres tú quien me formó en el seno de mi madre” (Sal 139, 13), “Si no tengo amor, nada soy” (1Cor 13).


Además los Documentos del Magisterio de la Iglesia como: Humanae Vitae (San Pablo VI), Evangelium Vitae (San Juan Pablo II), Familiaris Consortio (San Juan Pablo II) y Donum Vitae (Papa Benedicto XVI).



Berenice Pérez Cavazos de Quintanilla es esposa de Gerardo y mamá de 3. Fundadora y directora de Pelones Felices, para donación de cabello en Monterrey, México. Químico Clínico Biólogo (UANL), cuenta con Maestría en Ciencias en Biología Molecular e Ingeniería Genética (UANL), Maestría en Ciencias de la Familia (Pontificio Instituto Juan Pablo II), Diplomado en Bioética (UDEM). Fue coordinadora de un laboratorio de genética en la Universidad de Texas y posteriormente profesora en la Escuela de Medicina de la Universidad de Monterrey (UDEM) por 12 años. En la Arquidiócesis de Monterrey fue líder de grupos juveniles y de profesionistas, así como Ministra Extraordinaria de la Comunión. Imparte cursos online de Cultura de la Vida, con enfoque científico, filosófico y teológico, a beneficio de casas de ayuda para mujeres embarazadas. Contacto: bereperezcavazos@gmail.com.


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