Hay que dejarnos sorprender por las distintas formas en que Él nos habla...




Hace poco tuve la oportunidad de ir a un parque de diversiones en el que uno de los atractivos trataba de introducirnos en completa oscuridad a un túnel de piedra en el cual vas transitando por diferentes ecosistemas: bosque, desierto, selva tropical, etc.


Todo lo que escuchas y sientes está relacionado con el ecosistema por el cual estés atravesando.


Es así como en el desierto está caliente, pisas descalzo la arena, escuchas el sonido del viento arenoso, el ruido de los animales, puedes tocar las plantas a tu alrededor, y así con cada uno de los diferentes espacios que íbamos atravesando. Cada ecosistema se sentía y escuchaba totalmente diferente al anterior.


Fue una experiencia padrísima en la que los sentidos del tacto y del oído se tuvieron que poner bien atentos.


Reflexionando un poco en esta experiencia lo relacionaba con el itinerario de nuestra vida espiritual.


A veces estamos tan preocupados por querer “ver” a Dios.

En nuestro camino de fe queremos tener seguridades, certezas, no damos un paso sin estar completamente seguros de poder dar el siguiente, nos aferramos a nuestras ideas preconcebidas de Él y cuando llega la oscuridad, nos paralizamos y nos olvidamos de que Él va con nosotros en el camino, que Él es un Dios de amor y solo quiere nuestro bien.


Pero igual que como pasa con nuestros sentidos del cuerpo, cuando no tenemos uno, descubrimos que tenemos otros también valiosos por los cuales podemos descubrir el mundo que nos rodea, así también pasa en nuestro camino de fe, si de repente sentimos perder el rumbo, es preciso abrir todos nuestros sentidos espirituales para poder seguir caminando.


Hay que dejarnos sorprender por las distintas formas en las que Él nos habla y que Él se nos revela.

¡Qué maravilloso es cuando nos damos cuenta de que Su manera de hablarnos se puede convertir en una novedad!


El desafío es permanecer atentos a Su voz, vivir en una actitud de constante discernimiento para escucharle y tener la certeza de que Él siempre, siempre habla.



Marifer Icaza es consagrada y vive su vocación en Instituto Secular de Vida Comunitaria Eliya, ejerciendo su apostolado en Centro de Rehabilitación la Rosa. Confía en que sólo un encuentro personal con Jesucristo libera al ser humano de todas sus ataduras y le regala la plenitud para vivir en el amor.


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