El Matrimonio: Mi Vocación al Amor y a la Santidad


Hace poco una amiga que quiero mucho me dijo unas palabras que han resonado en mi cabeza en estos días:

“La vocación es inherente al ser humano, desde que nacemos, desde que hemos sido creados”.

Me hicieron mucho sentido estas palabras: vocación es ese anhelo profundo que nace desde el interior de la persona humana, ese sueño que está en el corazón de Dios, pensado desde siempre para cada uno de nosotros.

La vocación es mi camino de santidad, de plenitud, de realización humana.

Estas palabras me hicieron también recordar un poco mi propia historia: cómo desde pequeña estuvo impresa en mi la vocación al matrimonio y a la vida familiar, ¡yo lo anhelaba profundamente!

Fui atacada muchas veces por el maligno respecto a la realización de mi vocación.

Hubo muchas temporadas de mi vida en las que me sentí insegura y temerosa de no poder llevarla a cabo, pero al mismo tiempo, el llamado a orar por mi futuro esposo cobraba más y más intensidad.

Me refugié en Jesús y fue Él quien disipó todos mis miedos conforme iba mostrándome Su rostro amoroso.

Viví todo un proceso en el que Jesús fue preparándome para lo que vendría después.

Y lo más hermoso es que en ese proceso, justo cuando yo oraba por mi futuro esposo, mi Juan estaba viviendo su conversión: su primer encuentro con el rostro amoroso de Cristo.

Mientras yo vivía mi proceso, él vivía el suyo y todo lo que vino después fue un puñado de “diosidencias”, que hicieron que nos encontráramos en el camino .

Fue tan claro cómo Dios intervino en nuestro encuentro, que me llena de gozo y me siento tan amada por el Señor de poder vivir hoy en el sacramento del matrimonio, el camino a la Santidad.

Es dentro de nuestro matrimonio, como nuestra vocación al amor, donde cada día tropezamos y somos tremendamente imperfectos, donde de pronto nos superan nuestros egoísmos.

Pero es justo ahí también, dónde Dios sublima nuestras imperfecciones como un medio para sabernos cada día profundamente necesitados de Él, para que, ni por un solo momento dejemos de buscar la santidad en lo ordinario de nuestra vida.

Rebeca González, nació y vive actualmente en Monterrey. Hija de Dios, esposa y mamá de tres niños homeschoolers. Es apasionada de la crianza, lo que más disfruta es la vida familiar, ratos al aire libre, leer un buen libro, vacaciones en la playa, platicar con un buena amiga y los dates con su esposo. Desea buscar la voluntad de Dios en su vida y la santidad en lo sencillo y cotidiano de cada día.

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