Mi Hijo sanó por la misericordia de Dios y la intercesión de María


Foto: Cathopic/Demetrio

Hoy Jazmín Espinoza nos cuenta sobre la sanación de su tercer hijito, Esteban. Es un hermoso testimonio de fe y confianza en Dios y en Nuestra Madre Celestial.

A.M: ¿Cómo empezó el problema de salud de Esteban?

Jazmín: "El 16 de julio del 2018 se empezó a quejar de dolor de estómago y lo llevé al médico, en ese entonces tenía 2 años 9 meses. Le diagnosticaron gastroenteritis y le dieron tratamiento.

El 30 de julio nos llegó a la casa una imagen de la Virgen; rezamos el Rosario e hicieron oración por nosotros las hermanas que la trajeron. Nos dijeron que la recogerían el 3 de agosto.

Esa noche y la madrugada del día siguiente, Esteban gritó por un dolor muy fuerte y en la mañana lo llevamos con otra doctora y nos dijo que traía el estómago distendido, presentaba fiebre e infección en la garganta.

El viernes las señoras que venían por la Virgen nos dijeron que no tenían con quien dejarla por lo que nos la dejaron hasta el 10 de agosto.

El sábado por la tarde le volvió la fiebre a mi hijo, le dimos el medicamento y no se le quitó.

Volvimos con la doctora el 6 de agosto y dijo que que podía presentar apendicitis pero que a su edad era atípico; le volvió a dar medicamento y nos dijo que si la fiebre continuaba regresáramos.

La fiebre no bajó, fuimos con ella el jueves y después de revisarlo, nos dijo que el caso se salía de sus manos y que fuéramos con un especialista a hacerle unos estudios.

Después de varias consultas, nos pidieron realizarle un eco de apéndice en el hospital.

Mientras le realizaban el estudio, la doctora nos dijo que el niño traía un absceso y no le veía el apéndice, que probablemente ya se le había reventado. Cuando otro doctor vio el estudio me dijo que lo operarían de urgencia cuando llegara el cirujano”.

A.M: ¿Cuál fue su reacción cuando les dijeron lo que estaba pasando? ¿Qué pasaba en tu corazón?

Jazmín: “Pedimos oración a toda la familia, amigos y conocidos. Esteban entró a quirófano. Yo me sentía preocupada y angustiada y nos pusimos a rezar el Rosario.

Mi familia me tranquilizaba diciéndome que el niño había entrado bien a cirugía, no se quejaba mucho, por lo que no debía ser complicado lo que le iban a realizar. Después del Rosario, me tranquilicé.

Cuando salió el doctor, nos dijo que Esteban no estaba bien: (entre otras cosas) el apéndice le había estallado y se encontraba gangrenada y el intestino estaba a punto de romperse, sólo le quedaba una última capa.

Debido a la situación en el intestino, tuvo que realizar un corte antes de la parte más dañada y exponer parte de él, este procedimiento se llama ileostomía y el niño tendría que estar entre 2 y 3 meses con los intestinos afuera.

El doctor nos decía todo muy serio y preocupado. Decía que Esteban estaba muy delicado, pero estable y nos pidió que hiciéramos mucha oración por él.

El escuchar eso, me sentí muy mal, salí gritando de dolor, pues nuestro niño llegó casi jugando al hospital y en un instante, ya estaba muy grave.

Sentía que mi alma se partía en dos y no creía lo que me decían, me sentía devastada, no creía que nos estuviera pasando esto a nosotros que tratábamos de seguir el camino del Señor.

Yo me siento una hija muy amada suya, pero en ese momento, me sentía enojada con Él. Le pedía que no se lo llevara que si yo tenía que tenerlo mucho tiempo en el hospital, yo lo haría y dejaría todo por estar con él, pero que me lo prestara más tiempo.

Cuando pude ver a Esteban por primera vez me emocioné demasiado, quería abrazarlo, pero no podía. Lo traían tapadito y estaba totalmente despierto, como si nada hubiera pasado.

Empezó a platicar conmigo. Llegamos a su cama, lo acostaron y cuando lo destaparon me impresioné demasiado, sentí que las piernas se me doblaban. ¡Nunca me imaginé ver a mi hijo pequeño así!

Los doctores que lo llevaron le pusieron la bolsita y le hicieron curación; se quejó mientras le quitaron las gasas y le pusieron la bolsa y apenas se fue, me pidió agua. (Pero entre las prescripciones que tenía, estaban ayuno de agua y alimento ¡por 5 días!).

Más tarde llegaron unos doctores preguntándome datos del niño y cómo había pasado todo y cuando les comenté el tiempo desde el primer diagnóstico y los dolores del niño, me decían que habíamos llegado justo a tiempo, que unas horas más y el niño ya no habría estado con nosotros".

A. M: ¿Cuántas semanas/meses tardó en recuperarse Esteban?

Jazmín: La primer cirugía fue el 10 de agosto, la segunda fue el 31 de agosto (la reconexión de sus intestinos, un doctor nos dijo que la reconexión más rápida que había hecho había sido a las 6 semanas y la de Esteban fue ¡tan sólo a las tres semanas!) y lo dieron de alta del hospital el 8 de septiembre. El 10 de octubre ya pudo regresar a su escuelita, por lo que fueron 2 meses.

A. M: ¿Qué papel tuvieron la fe y su familia en esta prueba?

Jazmín: "Cuando los doctores me decían que esperaban lo peor, yo sólo me aferraba a Dios y confiaba en que Él es el dueño de la vida y Su poder va más allá de cualquier entendimiento humano.

La poderosa intercesión de María Santísima fue clave, sentimos su amor en cuatro ocasiones: primero con la imagen que nos llegó a la casa, cuando aún no sabíamos lo que pasaba y también con la imagen de la Virgen de Guadalupe que estaba en la cama de Estaban en Pedriatría. Más adelante una amiga me llevó a María Siempre Virgen y también nos llevaron agua del Santuario de Lourdes.

Nuestra familia nos apoyó en todo momento. Mis niños se iban a dormir con mi hermano y mi cuñada, mi suegra nos ayudaba a cuidar a Esteban para que yo descansara, también nos apoyaron económicamente.

Nuestros hermanos en Cristo que hemos conocido a lo largo del tiempo, los vanclaristas y los hermanos de nuestra comunidad "Vivir en Cristo" nos visitaron en el hospital, llevaban comida, oraban, apoyaban también económicamente… Pudimos ver en cada uno de ellos el amor infinito de nuestro Dios".

A. M: ¿Qué le dirías a los papás de otros pequeños que están delicados de salud?

Jazmín: "Sé que los doctores tienen que hacer su trabajo y tienen que dar sus pronósticos, más estos pronósticos son humanos. Crean y confíen absolutamente en Dios, Él es el único dueño y Señor de la vida y es el mismo que hace más de dos mil años realizaba milagros.

Así como curaba enfermos de todo tipo de dolencia, así puede sanar a sus niños, pues para Él no hay nada imposible.

Tenemos que recordar que nuestros hijos son prestados, ellos y nosotros le pertenecemos a Dios y hay que aceptar Su voluntad, más también nos dice en Su Palabra: <<Pide y se te dará>>” (Mt. 7,7) <<Si tuvieran fe como un grano de mostaza...>> (Mt. 17,20), <<El Señor es mi Pastor, nada me faltará>> (Sal. 23).

Como padres, tenemos que abandonarnos en Él pues es lo único que podemos hacer, todo lo demás está en Sus manos.

Gracias a la misericordia y amor de nuestro Señor, a la intercesión de nuestra Señora y de la Beata Madre María Inés del Santísimo Sacramento y a las oraciones de tantos hermanos y de los hermanos vanclaristas, hoy Esteban se encuentra muy bien de su cirugía.

Él es testimonio de que Dios escucha las oraciones de sus hijos y está siempre al pendiente de su pueblo.

¡Que todo sea para la gloria de Dios!”.

Jazmín Espinoza es psicóloga, esposa y mamá católica. Tiene tres hijos de 6, 4 y 2 años respectivamente. Pertenece junto con su familia a la comunidad "Vivir en Cristo".

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