Vive tu Fe este Año

Este post fue publicado originalmente en inglés en To Jesus, Sincerely y fue traducido y publicado en El Árbol Menta con permiso de su autor.

Un moderno examen de conciencia (Pero no tan moderno... aquí somos fieles a las enseñanzas de la Iglesia Católica).

Si confiesas con tu boca... y crees con tu corazón... te salvarás. Rom 10:9.

Como Cristianos, sabemos que nuestra salvación en Jesucristo viene con la responsabilidad de vivir una vida de fe. No podemos quedarnos sentados y relajados, esperando que Jesús haga todo el trabajo. No hay lugar para la pereza en nuestra vida espiritual.

San Pablo pone ante nosotros dos obligaciones: creer con tu corazón y profesar con tu boca. Nuestra fe debe existir al interior y al exterior. Debemos abrazarla con cada fibra de nuestro ser y debemos reflejarla en nuestras palabras, nuestras acciones y nuestro estilo de vida.

La fe es un regalo de Dios. Pero también es un acto de la voluntad. A través de la virtud de la fe, elegimos creer en las verdades que Dios nos ha revelado. Hay cosas que no entendemos, pero la fe nos permite aceptar la verdad aunque no estemos seguros de ella. Aunque batallemos.

Este mes, oremos así: "Señor, incrementa nuestra fe" y confiemos en que Él nos dará la gracia necesaria para creer.

Y pongamos lo mejor de nuestra parte para acercarnos a las herramientas y prácticas que necesitamos para estar abiertos al regalo de la fe cuando Dios nos lo brinda.

Exploremos algunas maneras de abrirnos al regalo de la fe y de mantenernos a salvo de la pereza espiritual que amenaza nuestra capacidad de recibir este regalo.

Crece en la Virtud de la Fe

Profesa tu Fe:

  • Aprende sobre tu fe.

Antes de decir que creemos en algo, debemos aprender sobre lo que significa creer. Toma la oportunidad de abrir tu Catecismo de la Iglesia Católica (o conseguirlo) y aprender algo nuevo sobre nuestra fe.

  • Cree con tu corazón.

No tienes de entender los misterios profundos de nuestra fe como la Trinidad o la Eucaristía. Y no tenemos que ponernos sentimentales o místicos cada que hacemos oración. Para creer con nuestros corazones, sólo necesitamos hacer un acto de voluntad: aceptar y abrazar las Verdades de la Iglesia.

  • Profesa con tu boca.

Hablar de lo que creemos nos ayuda a hacerlo parte de nuestra vida de una forma muy real. Haz un acto de fe (por ejemplo: recita el Credo de los Apóstoles) y piensa en el significado de las palabras que estás diciendo. Empieza a hablar sobre tu fe con los demás. Por ejemplo: dando las gracias antes de cada comida, haciendo publicaciones en Facebook (o Instagram) o platicando sobre espiritualidad con tus amigos.

Frecuenta los Sacramentos:

  • Misa, Eucaristía, Confesión.

Los Sacramentos son nuestro camino para conectar con la gracia de Dios. Dios está esperando para derramar sus dones en nosotros. Sólo necesitamos abrirnos para recibirlos. Recibir los Sacramentos con frecuencia es una parte vital de la vida de fe.

  • Practica la reverencia.

Algunas veces caemos en un hábito, lo hacemos en automático. Necesitamos tomarnos el tiempo de recordar el significado de las acciones y los objetos reservados para Dios. Deténte. Cuando hagas la Señal de la Cruz, imagínate a Jesús dando su vida por tí. Haz una pausa cuando te hinques y recuerda que estás arrodillándote ante tu Dios y tu Rey. Inclina tu cabeza al escuchar el nombre de Jesús, besar un crucifijo o Rosario y habla en voz baja en la Iglesia. Sé intencional y dale lugar a la reverencia en tu vida diaria.

  • Catequiza a tus hijos.

Muéstrales el camino Católico de la vida. Enséñales sobre virtud y sobre el regalo de la gracia que Dios que nos ofrece a través de los canales llamados Sacramentos. Es especialmente efectivo si predicamos con el ejemplo: nuestro amor por la Fe es nuestro mejor testigo. Nuestro entusiasmo es contagioso.

Intégrate a tu Fe:

  • Forma una rutina.

Es vital ir a Misa los Domingos y a Confesión regularmente. Pero la vida de fe requiere mucho más que sólo escalas cortas. Necesita cuidados diarios. Asegúrate de reservar tiempo todos los días para conectar con Dios.

  • Confía en el plan de Dios.

Ser Cristiana no significa que Dios va a hacer tu vida mejor o más sencilla que la de alguien más. Significa que confiamos en que Dios traerá el mayor bien aún de las peores situaciones. Y lo más importante, nuestra meta es la felicidad eterna en el Cielo, no la felicidad pasajera en este mundo. Enfócate en vivir virtuosamente en todas las circunstancias, en las buenas y las malas.

  • Síguelo intentando (aún en momentos de oscuridad)

En ocasiones es difícil asimilar emocionalmente algunas verdades difíciles de entender. Pero, aunque no podamos creer que son eso, verdades, sabemos en el fondo que lo son porque Dios nos las ha revelado. Debemos actuar en lo que sabemos que es verdadero y recto, sin desanimarnos por cómo nos sentimos con respecto a ello.

Pide por tu Fe:

  • Ábrete a creer.

Dios nos da el regalo de la fe y necesitamos ser materia dispuesta. Mantén tu corazón y tu mente abiertos para aceptar las enseñanzas de la Iglesia y la guía del Papa, los Obispos y los Sacerdotes.

  • Ora por el incremento de tu fe.

Pídele a Dios todos los días que incremente tu fe, que abra tus ojos. Pídele compresión, confianza en Su plan, amor por la Eucaristía. Recuerda: pide y recibirás.

  • Persevera en la oración.

Aún cuando la oración aparentemente no te llene de alegría, sigue rezando. Sigue haciendo tu ofrecimiento de la mañana. Ve a Misa y a Adoración. Aún si sientes que no tienes nada que decirle a Dios, aún si no logras escuchar su voz. La oración no es sobre emociones, no te preocupes si no la sientes. Dios te está escuchando, a pesar de todo.

Evita la Pereza Espiritual

No te quedes callado:

  • No dejes pasar oportunidades.

Aprende sobre tu fe donde quiera que vayas. Hay muchos libros de oraciones online que son gratis, al alcance de tus dedos. O sitios como Blessed is She, que envía las lecturas diarias de la Misa y reflexiones directo a tu email. O Pray More Novenas que es un compañero personal de oración. Deja que nutran tu conocimiento sobre fe y que levanten tu vida de oración.

  • No tengas miedo de dudar.

Las dudas son parte normal del crecimiento. Las dudas no te hacen menos Cristiano o menos santo. Te ofrecen la oportunidad de aprender y de crecer. Educa tus dudas y véncelas.

  • No te escondas.

Por más angustioso que pueda ser profesar tus creencias en un mundo escéptico, no debes tener miedo. Dios está contigo. Él te dará la fuerza. Tú fe es hermosa, ¡déjala brillar!

No Descuides tus Deberes:

  • No hagas a un lado los Sacramentos.

Tenemos ciertas obligaciones: Misa los Domingos y en los Días Santos de Obligación, confesión de nuestros pecados mortales antes de recibir la Eucaristía. Aunque algunas de estas cosas sean difíciles en ocasiones, son para tu mayor bien. Son una gran oportunidad para conectar con Dios y recibir Su gracia.

  • No seas tibio.

Rosarios desganados, genuflexiones a medias, Señal de la Cruz forzada... no dejes que los malos hábitos se interpongan. Ponle atención a las cosas reservadas para Dios.

  • No descuides la formación de tus hijos.

A veces nuestros hijos hacen preguntas difíciles. Es importante que les demos importancia. Si no sabes la respuesta, ¡averíguala! Asegúrate de que tus hijos tienen tiempo diario para hacer oración y para aprender sobre Dios.

No Descuides tu Fe:

  • No dejes la Iglesia para los Domingos.

Dios no quiere ser sólo un conocido. Él quiere estar involucrado en cada parte de tu vida. No lo dejes fuera. Háblale todos los días. Invítalo a ser parte de tu historia personal.

  • No le des cabida a la ansiedad.

El miedo no cambia las cosas. En lugar de perder el tiempo preocupado por lo que vendrá, pasa tiempo pidiéndole a Dios que se cumpla su voluntad. E involúcrate activamente en planear el futuro. Deja que tu fe te traiga la paz.

  • No pongas en peligro tu fe.

Las dudas son parte normal de la vida, pero no alimentes tus dudas al invitar peligrosas influencias a ella. Si leer las noticias perjudica tu paz y confianza en Dios, no lo hagas. Lee cosas que te edifiquen, no cosas que te desanimen.

No Pierdas Contacto con Dios:

  • No navegues.

Dios no te va a obligar a creer. Él no te empujará a Su camino si tu vida ya está llena de otras cosas. Siempre asegúrate de que hay lugar para Él. Siempre sé consciente de cuánto lo necesitas. Siempre búscalo.

  • No tengas miedo de hacer preguntas.

Dios es generoso. Déjale saber lo que quieres. Déjale saber lo que necesitas. Con qué estás batallando. Aquello que no entiendes. Déjalo estar ahí para tí y darte los deseos de tu corazón.

  • No te rindas.

Dios no siempre contesta nuestras oraciones de la forma en que queremos, pero siempre lo hace. Sigue pidiendo. No te rindas. Háblale, aún cuando no sientas que está presente. No se ha ido, aunque no lo sientas cerca en algunos momentos. Llamarlo es un gran acto de fe.

Únete al Reto:

¿Estás listo para crecer en la Fe? ¡Comenzamos! Aquí está lo que hay que hacer:

  1. Prepárate. Si no lo has hecho todavía, lee este artículo sobre Fe cuidadosamente y reflexiona sobre lo que significa en tu vida. Imprime tus materiales y ponlos en lugares convenientes en tu casa. Si lo deseas, únete al Virtue Challenge Team en Facebook.

  2. Cada mañana, empieza el día con la oración (encuéntrala en la Guía para tu Mesita de Noche).

  3. Durante el día, usa tu Guía para el Refri, para ayudar a integrar la Fe. Tu Guía para el Refri tiene recordatorios y algunos extras (como una oración para ganar indulgencias)

  4. Cada tarde, haz el examen de conciencia (encuéntralo en la guía de tu Mesita de Noche). Este es un repaso de tu día, paso a paso, incluyendo una oración de perdón, con la idea de mejorar el día de mañana.

  5. Antes de confesarte (o una vez a la semana, por lo menos), lee el Examen de Conciencia. Reflexiona no sólo en tus pecados y faltas, sino en cómo te ha bendecido Dios con la oportunidad de crecer en virtud.

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