Nadie sabe a quién inspira cuando reza...



Hace algunos años en una reunión de la Legión de María me impactó la devoción con la que una chica rezaba el Rosario.


Sus ojos cerrados, su alma evidentemente apuntando al cielo, imperturbable ante lo que sucedía a su alrededor. Eran ella, María y Dios.


Esa imagen se me quedó por semanas... Yo era apenas una principiante. Me asomaba por la ventana de la espiritualidad adulta y la verdad, sentí un poquito de envidia...


¿Cómo lograba ella esa conexión? ¿Por qué yo no podía concentrarme por más de unos minutos al hacer oración? (Empezaba tratando de dirigir mis pensamientos a cada uno de los Misterios y terminaba pensando en la lista del súper).


Lo seguí intentando. La imagen de esta chica y su profunda devoción me hacían pensar que, definitivamente, había algo que ella sabía (sentía) y yo no.


¿Cómo se alcanzaba esa relación de amistad con Dios y con María Santísima?


Esta chica fue, sin duda, un punto importante en mi camino espiritual.


Un tiempo después, empecé a conocer más a nuestra Madre en los escritos de San Luis de Montfort, San Maximiliano Kolbe, el Padre Apostoli, acudiendo a Conferencias, a rezar el Rosario con mayor consistencia... y seguí jalando el hilo conductor.


Hace unos meses, visitando a Jesús Sacramentado con mi hija, me sucedió algo igualmente inspirador.


Al acercarnos a los reclinatorios frente al tabernáculo, que usualmente está silencioso y vacío en la mañana, nos dimos cuenta de que no estábamos solas.


Había una mujer, más o menos de mi edad, hincada, rezando el Rosario.


Su mirada estaba fija en el Milagro Eucarístico velado. Había lágrimas en sus ojos y muchísimo amor en su mirada.


Nos colocamos detrás de ella para darle su espacio y traté de hacer oración (con el corazón acelerado porque mi pequeña subía y bajaba de una banca y lo menos que quería era verla caer).


Lo importante esa mañana no fue mi oración apresurada... fue la forma en que Dios me habló sin palabras, nuevamente, a través de esta chica.


Este encuentro me hizo pensar en cómo a veces buscamos la soledad para conectar con Dios y nos frustramos porque nuestras ocupaciones no lo facilitan.


Pero, ¿qué tal si rezáramos en todos lados, por todos y a todas horas? En el parque, mientras juegan los niños... en el súper, mientras vamos manejando...


Puede sonar muy loco pero, yo estoy aquí escribiendo estas líneas, en parte por estos ejemplos públicos de fe que me inspiraron a profundizar.


Hay algo tan espiritual y tan humano, a la vez, en un ser comprometido y devoto que no tiene miedo de mostrar su fe en público... Intriga, arrastra.


Ese día salí de la parroquia con una sonrisa de agradecimiento a Dios y ésta línea dando vueltas en mi mente: "la verdad es que nadie sabe a quién inspira cuando reza..."

Nelly Sosa nació en Monterrey y es esposa y mamá católica. Su reencuentro con la fe en un pueblo alejado de la gran ciudad y su gusto por escribir la trajeron a El Árbol Menta. Cree firmemente que la oración, los Sacramentos y el apostolado pueden cambiar al mundo.

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