El Dolor también es Bendición


Es para mí motivo de inmensa alegría, saberme amada por el Señor... Para mí no existen las casualidades.

El pasado 13 de mayo celebramos la Ascensión de Jesús a los cielos y conmemoramos los 101 años de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima. En un día como éste, pero de hace seis años, el Señor por su infinita misericordia, llamó a su presencia a mi pequeño Hermano Rafa.

He querido compartir esta experiencia porque ha sido toda una aventura... y digo aventura porque ha habido de todo, pero más que nada, un profundo amor de Dios por mi familia.

Han sido tiempos de toda clase de emociones que me han llevado al extremo, pero en todo momento, he estado acompañada de aquel que es el Amor: Jesús. Él, en su ternura me ha prestado a su Mamá que también es la mía: María.

Aquel día del 2012, asistimos a la Eucaristía desde temprano. Todavía recuerdo cómo, justo en el momento de la Consagración, algo en mi interior parecía romperse.

Desde el inicio de Misa, algo angustiaba mi corazón y mientras que el Padre elevaba el Cuerpo de Cristo, empezaron a correr lágrimas por mis mejillas, como un río.

No entendía qué me pasaba. Sólo podía decir en mi corazón: "Señor, no entiendo esto, hay algo que me duele mucho. Tú sabes de qué se trata, pues tuya soy, dale paz a mi alma".

Ahora que han pasado los años, y es algo que el día que me encuentre con el Señor quisiera preguntarle (espero, pues ante tanta belleza de estar en su presencia, tal vez ni las palabras me saldrán), pienso que tal vez en ese momento Rafa estaba en agonía...

Al terminar la Misa, llegamos a casa y pocos minutos después, sonó el teléfono. La llamada que jamás nadie quisiera recibir fue tomada por mi papá (ruego tanto a Dios que ese momento tan difícil para él sea sanado en su corazón).

Su pequeño había partido. Mamá comenzó a llorar, sin saber aún que había pasado (Bendito Dios por ese regalo que les da a las mamás de saber cuándo sus hijos están en peligro y el de la gracia para pedir por la salvación de sus hijos).

Salimos de la casa al lugar del accidente: fue como estar en una película. Había inquietud en mi corazón, como una espina clavada en el pecho, pero también había paz.

Al llegar al lugar donde quedó recostado Rafa, vimos a sus amigos. Estaban ahí esperando a mis papás. (Jamás en mi vida pensé vivir una escena así, pero hoy me llena de alegría saber que él era tan querido... qué bella manera de Dios de recordarnos que no estamos solos nunca).

Recuerdo muy bien esa escena (antes con dolor, hoy con gozo y esperanza), pasó como en cámara lenta. Mamá corrió hacia él, papá estaba con uno de sus amigos de la infancia, abrazándolo, pues no dejaba de llorar y yo contemplando todo como entre sueños.

Mamá tenía en brazos a su pequeño hijo. Le dije: "No sé que decirte, sólo que aquí estoy contigo. Me duele verte llorar, pero recibe mi amor en este momento".

Su respuesta me dio paz y calmó mi corazón: "El Señor me lo dió y ahora vuelve a Él, le doy gracias por prestármelo por casi 25 años y por permitirme estar aquí con él en mis brazos, aún está calientito y al ver su carita parece que duerme, como cuando lo arrullaba".

Ver llorar a mi hermana como una niña me partía el corazón. La abracé tan fuerte como pude mientras me decía: "Dime que no es cierto". Comencé a llamar a la familia y amigos.

Era un escenario que jamás pensé vivir, pero también uno de gran bendicion, pues Dios no deja escapar nada para convertirlo en bendicion.

La escena de Rafa en brazos de mi mamá, me recuerda a aquella imagen de Jesús en los brazos de María y a Juan acompañándola. Aquel momento donde Jesús le acababa de decir desde la cruz: "Mujer ahí tienes a tu hijo" y a Juan: "Ahí tienes a tu madre".

Desde aquel momento, así como sucedió a Juan, el Señor me dejó en manos de María, para aprender de ella cómo es vivir a los pies de Jesús y cómo es acompañar a aquellos que amas en los momentos difíciles, cómo es amar a quien no nos ama...

Me falta mucho por aprender de tan bella Mujer y Madre, pero sé que no ha sido casualidad que esto sucediera un 13 de mayo.

Así como nuestra Señora le pidió a los pastorcitos aquel día oración y penitencia, también sentí que me lo pidió a mí. Desde aquel momento he sentido su compañía y en mi corazón ese deseo de pedir a Dios no sólo por mis intenciones, sino también por las de aquellos que no conozco; de hacer penitencia y de poner en manos de Dios, por intercesión de María, todo aquello que llevo en el corazón, pues en sus manos todo es mejor.

He llorado en mi rinconcito de oración, ahí donde me encuentro con el Señor y pongo en sus manos mi día a día, pero también me he sentido acompañada y muy amada por María y por su queridísimo Hijo.

En la Eucaristía del 13 de mayo pasado, el padre nos dijo que la Ascensión del Señor es la fiesta de la esperanza, del gozo, del encuentro con el Señor, del más grande anhelo del ser humano, de comunicar lo que el Señor ha hecho en nosotros...

Siento que a través de esta experiencia, el Señor me ha permitido acompañarlo en su Pasión y su Cruz, pero también en su resurrección, con un anhelo de eternidad.

Me ha hecho pensar no sólo en lo pasajero, sino en aquello que no muere, en esa vida eterna que nos ha preparado, donde será llenado todo anhelo.

He querido compartir contigo esto que ha sido tan doloroso, porque ha sido también una gran bendición y una oportunidad de encuentro con el Señor... Hoy sólo puedo decirle: "Gracias Jesús por tu amor y misericordia".

¡Qué la alegría del Señor te acompañe en tu día a día y que la ternura de María siempre te abrace!

*Si has pasado por algo así, quiero compartirte algo más... Hay varios cantos que me ayudaron en mi proceso de duelo, son: "De Mujer a Mujer" y "Como un Roble" de Paola Rimada, y "Ahí estaba Juan" de Azeneth González.

Jessica Rivera nació en Monterrey. Es diseñadora de modas, repostera por hobbie y amante de los pequeños detalles. En una peregrinación en la JMJ Colonia 2005 tuvo un reencuentro con Jesús y María. Es devota de San José y San Juan Pablo II, autor de la Teología del Cuerpo quien la llevó a lo que hoy es su principal apostolado: es parte del equipo del Taller de La Plenitud de Vivir en Castidad, en la Parroquia de la Santa Cruz, San Nicolás, Nuevo León.

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