Yo sé que Él Vive: 5 Mujeres Comparten sus Experiencias de Fe


Un buen día, el panorama se aclara. Por la gracia del Señor y al ser constantes en su búsqueda, empezamos a notar su presencia en alta definición. Empezamos a hallar el sentido a lo que nos pasa en su Palabra, en la Misa, en los Sacramentos, en el servicio a los demás. Nos damos cuenta de que, en realidad, Él vive y nos dedicamos a buscarlo con más intensidad, a seguirlo, por encima de lo que dicta el mundo. Ahora sabemos que Él, de verdad es nuestro Salvador y lo único que da sentido.

Y es que, Él prometió quedarse con nosotros y siempre se manifiesta de una u otra forma en nuestras vidas, aunque dudemos, aunque caigamos: "Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo", Mt. 28, 20. ¡Qué palabras más esperanzadoras!

Esta Pascua queremos compartirte lo que nos contaron 5 Amigas de El Árbol Menta cuando les preguntamos: ¿Qué experiencia o qué momento de tu vida te hizo confirmar que Cristo Vive?

Si aún estás en la búsqueda, esperamos que sus respuestas te inspiren tanto como a nosotras a seguir avanzando en tu vida espiritual... Y si ya estás en el camino, tal vez te sientas identificada y emocionada de seguir en la batalla diaria por la fe y la santidad.

Dany Díaz de Cavazos

"Sé que mi Señor vive porque CREO en Él. Porque en pequeñas o grandes, pero sobretodo innumerables situaciones de mi vida, se ha manifestado. SÉ que vive porque creo en las Sagradas Escrituras. SÉ que vive porque creo en un solo Dios Padre Todopoderoso... CREO en Jesucristo su único Hijo.... que está sentado a la derecha del Padre y ha de venir a juzgar a vivos y muertos... SÉ que vive porque CREO que en cada Consagración Eucarística se hace de nuevo presente y se queda con nosotros en ese pedacito de pan y vino. SÉ que VIVE porque ¡CREO que vive!".

Flor De Guadalupe Montante de Familia Bibliófila

"Cuando tenía alrededor de 14 años sufrí bullying fuerte en un colegio de niñas. Un día la situación llegó a un pico máximo. Lloré en el salón e incluso así, mis compañeras acosadoras se burlaban de mí. No tenía amigas, salvo una maestra joven que me defendía.

Todavía recuerdo con claridad esa noche, estaba muy triste y muy enojada. Mi mamá me recogió de la dirección -a mis agresoras nadie les dijo nada-, me sacó de la escuela, escuché cuando mi papá llegó y hablaban. Yo estaba molesta: ¿Por qué me pasaba eso si me portaba bien? ¿Por qué a mí?

Entonces, en medio de esa noche, sentí la profunda misericordia de Dios. Estaba cubierta con una manta hasta la cabeza, no quería salir ni ver a nadie. En medio de esa oscuridad sentí SUS manos que me alzaban, a mí, así, pequeñita, minúscula, frágil, una nada de persona, algo como el "gollum" de El Señor de los Anillos, así me sentía y así me veía a mí misma...

Sus grandes manos amorosas en medio de la oscuridad me alzaban, reposaba yo en una de ellas y con la otra me cubría como cuando levantas un pajarito herido y con frío al que quieres salvar.

Allí sentí la inmensidad del amor de Dios, grande, que sana, ni el gran amor de mis padres, ni el que ahora me tiene mi marido, ni el abrazo de mis hijos se parece a eso, nada, es único.

Cada vez que tengo un mal momento, recuerdo ese instante que me salvó. Muchos adolescentes después del acoso escolar se suicidan, yo no me salvé, me salvaron de arriba.

Fue intensa la experiencia.

Quise ser catequista pero el mal testimonio de los otros adolescentes de la parroquia a la que asistía me alejaron de la Iglesia en ese entonces. Así me quedé en una relación extraña con Dios, fuerte, de oración pero sin Iglesia.

Mi acercamiento más fuerte a la Iglesia fue en la universidad: entre hippies, ateos y socialistas. Una maestra atea anarquista, que era respetuosa con los creyentes, dijo una vez: "Mucha de nuestra cultura se la debemos al cristianismo, es imperdonable que no conozcan una Biblia y no la tengan en su casa, es cultura tenerla". Eso me impactó.

Me casé joven, estaba iniciando la universidad... Mi matrimonio también es una cosa de Dios. Hablé con mi Señor, le dije: "Si quieres que me case, creo que me lo tienes que mandar siendo yo joven y tiene que ser ahora, antes de que ande más en el mundo porque me gusta estudiar y sé que me va a gustar trabajar..." y así fue. Después de 16 años, sigo aquí casada y con tres niños.

Luego, al escuchar el Padre Nuestro y el Ave María en latín y griego, sentí un escalofrío que al recordar la experiencia, vuelve.

He sido perseguida por mi fe, pude haber tenido mi título antes por mis calificaciones, pero un maestro ateo y anticristiano me reprobó sólo porque le dije que era católica -y ni siquiera era como soy hoy, apenas empezaba-.

He pasado por situaciones donde siento que no he sido más que un instrumento de Él. Sé que la Eucaristía me alimenta porque, a pesar de vivir con SDP y con otros tantos problemas, veo cómo se hacen las cosas por la voluntad de mi Padre, aunque muchas veces me sigo sintiendo pequeña y frágil como esa primera vez de nuestro encuentro".

Fanaya Puente de Macías

"Tuve mi primer encuentro con mi creador en el 2005. Me mostró su misericordia en un Kerygma y desde ahí, no ha dejado de sorprenderme en todos los aspectos.

El momento que más me ha llegado es cuando me detectaron un quiste en un ovario. Estaba a punto de casarme y tenían que operarme, ya que no pudieron quitarlo con medicamento.

Así que entré a quirófano y me extirparon el ovario completo. Esto me dejaba sólo con un 50% de posibilidades de ser mamá.

Pasando un mes de mi operación, nos llegó la noticia de que ¡estaba embarazada! Gloria a Dios que me demostró que sólo Él tiene el control de todo, ¡absolutamente todo!

Hoy gozo la felicidad de ser madre de 3 pequeños, 2 terrenales y uno en el cielo. Y sé que al mirar los ojos de mis pequenos veo el infinito amor que Dios me tiene.

Ahora comprendo cómo puede uno llegar a amar tanto. Amo a mis hijos con el mismo amor con el que Dios me ama".

Mónica Ortiz "Sé que Dios vive por nuestros niños, por el hecho de sentirlos estando embarazada, de verlos y escucharlos cuando nacen y por tener el milagro y la dicha de verlos crecer día con día... ¡eso es para mí saber que Dios existe!..

Comparto una anécdota: Cuando mi hija mayor tenía unos 5 ó 6 años y el menor unos dos, un día estaban viendo llover en el patio a través de la puerta de la cocina e Isabella le pregunta a su hermanito: "Marcelo, ¿tu crees que Dios existe?" Marcelo contestó: "Sí". Luego ella continuó: "qué bueno que creas porqué Dios existe aunque no lo vemos, es como esta lluvia que no te deja ver el sol, pero allá arriba, detrás de estas nubes sigue el sol brillando aunque ahorita no lo veamos".

Nelly Zárate

"Sé que que Jesús vive porque lo siento en mi corazón. Y porque en mis 20 años de viuda no nos dejó solos a mí y a mis hijos. Cada día se hizo presente a través de mis ángeles que enviaba a ayudarnos. ¡Te amo Señor Jesús!".

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