"La Catequesis me Llena el Corazón"


Empecé a escuchar a mi hija Isabella hablar de ciertas cosas que en un principio me desconcertaban y poco a poco fue ganando mi curiosidad. Quería saber más de lo que aprendía, lo que decía, lo que sentía. Quería entenderla y saber más, tener respuestas a las preguntas que me hacía y que no sabía a ciencia cierta cómo contestar...

Así fue como Dios me fue llevando a la Catequesis del Buen Pastor que se imparte en el colegio de mis hijos. La invitación oficial vino a través de una buena amiga, mamá de un compañero de mi niña, ella me invitó a tomar un curso de formación para ser catequista y le dije: "¡Sí!".

El curso es maravilloso, lleno de ideas frescas y al mismo tiempo ideal para la mente de un pequeñito. Si aún no lo conoces, te cuento brevemente de qué se trata. Es una catequesis Montessori, en donde se busca que el niño se vaya familiarizando con el Buen Pastor por medio del manejo de un material especialmente diseñado para ello.

Incluye lectura de la Palabra de Dios, meditaciones y movimientos pausados para que el niño desarrolle un cierto nivel de autocontrol. También se les instruye (todo por medio de material en pequeña escala) sobre los elementos que conforman la Santa Misa. Así, cuando ellos asisten a la Celebración Eucarística, están más familiarizados con lo que ahí sucede.

Me emociona mucho ver cómo va despertando en el alma de los pequeños el amor por Nuestro Buen Pastor, el que da la vida por sus ovejas, que conoce y llama a cada una por su nombre. Amo la Catequesis, ¡me llena el corazón!

¿Importancia? ¿Frutos? Si te contara a detalle no acabaría... Pero, en mi hija mayor, que inició desde los 3 años en la Catequesis (ahora tiene ya 9), la semilla de la fe que sembraron ya va prendiendo raíces. No pierde la capacidad de asombro, sabe quién es su Buen Pastor y confío en que, sobre esas bases, le será más sencillo cultivar la relación con Dios en su vida adulta (porque es más fácil amar a alguien que ya conoces). Mi hijo chiquito, de 5 años, a penas tiene 2 años de haber comenzado en la Catequesis, es todo un proceso que lleva su tiempo, pero ya va dando también pequeños pasos en la fe.

Algo que me encanta es que, desde que estoy en la Catequesis, yo también he aprendido muchas cosas que antes no me preguntaba o que creía que ya conocía. Los niños son buenos maestros...

Cuando recién comencé a apoyar como auxiliar, en una de las sesiones vi a una chiquita que venía del rincón de oración con algo en la mano. Era una de esas veladoras pequeñas, en vaso de cristal, que venía apagada, se había consumido ya la cera y el pábilo era una nada.

Cuando se acercó conmigo, me dijo, con los ojos muy abiertos: "Miss, se apagó mi vela". Yo, adulta, inmediatamente le quería solucionar el problema y estuve a punto de decirle: "No te preocupes, ahorita te doy otra, pero me llevé una gran sorpresa cuando me comentó: "¡Se llenó del Espíritu Santo!".

Bueno, me quedé... ¡helada! Casi lloro... Lo único que recuerdo después de eso es que pensé: "De aquí soy" y heme ahí, como parte de este apostolado... Uno de los frutos más bellos es la espontaneidad de los niños, son ellos los que alcanzan a contemplar con su gran corazón todo aquello que para nosotros, en ocasiones ha quedado en el olvido.

"Entre Dios y el niño hay una real y misteriosa unión; en él está muy clara la imagen de Dios, por lo cual Dios y el niño son dos riquezas de amor que se atraen", Organización Nacional de la Catequesis del Buen Pastor (México).

*Si te interesa conocer más te invito a visitar: http://catequesisdelbuenpastormexico.org/

Mónica Ortíz nació en Monterrey. Esposa y mamá católica, miembro activo del apostolado Makarias y voluntaria en la Catequesis del Buen Pastor. "Estoy Enamorada del Buen Pastor y sus enseñanzas: «Hablemos más de Él y menos de nosotros»".

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