Mis Sueños, ¿son los Planes de Dios?


En algún momento de la vida, todas enfrentamos situaciones difíciles que pueden llegar a poner nuestra fe y la propia existencia en crisis...

Hace 4 años, creía que tenía bajo control mi vida y lo que pasaba en ella, porque todo fluía de acuerdo a mis planes: estaba casada con el hombre que amaba, tenía el trabajo que quería, acceso a las cosas materiales que deseaba, podía viajar y ya hasta había pensado el sexo de los hijos que tendría... Ahh, pero en un futuro, porque en ese momento, ¡NI PENSARLO! Mi vida estaba tan enfocada en el "Yo" que jamás pensé en qué quería Dios de mi. Creía estar haciéndolo todo perfectamente bien y pensaba que por ir a Misa, de vez en cuando, era una "buena católica".

Es la primera vez que colaboro en este espacio y me encanta formar parte de este grupo de bellas mujeres católicas. Tengo 34 años, vivo en Chihuahua y tengo 7 años de casada.

Nuestro matrimonio ha estado lleno de retos. En efecto, hemos vivido momentos maravillosos, pero también pruebas fuertes, como nuestra infertilidad. Esto es algo que, personalmente, me ha marcado como mujer y como esposa. Sin embargo, también ha sido la manera en que Dios me ha llamado a renovar mi Fe y Amor hacia Él. Gracias a este obstáculo, nuestro Señor ha derramado muchísimas bendiciones en nuestra vida diaria y en nuestro matrimonio.

Fue cuestión de querer algo y no poderlo tener, como estaba acostumbrada, para darme cuenta de que los seres humanos somos tan frágiles que, cuando se nos presenta una situación difícil, que se escapa de nuestro control, recurrimos a la intervención divina... Y así, empecé a encomendarme a todos los santos que me decían, a hacer todas las oraciones que me enviaban con la finalidad de tener lo que tanto deseaba: un hijo.

Después de un tiempo y luego de muchos intentos fallidos por ser Papás, empecé a entender que éste era tal vez el inicio de un Plan Divino perfecto... Un Plan que me llevaría mucho tiempo entender y que, sin imaginarlo, estaría lleno de pruebas, miedo, dolor e impotencia...

Hace un año fui invitada a un Retiro de fin de semana para Mujeres en mi Parroquia. Mi participación como católica hasta entonces era pasiva. Pero como Dios tiene para cada uno de nosotros nuestro momento y nos sorprende cuando más lo necesitamos, dejé a un lado los pretextos y fui. Al principio estaba escéptica, pero conforme el Retiro iba avanzando, empecé a sentir que, a pesar de mi resistencia, Dios me hablaba solamente a MI. En un momento, sucedió algo hermoso... Sin saber cómo, me rendí ante la angustia, la incertidumbre, el dolor, el miedo... todas esas emociones que solemos cargar. Entré en confianza con mis compañeras de Retiro y me di la oportunidad real de vivir esa experiencia al máximo.

Necesitaba abrir mi corazón para que Dios empezara a hacer su obra en mi. Simplemente me abandoné en Él... Eso era todo lo que nuestro Señor esperaba para poder hacer su trabajo, lo que tanto ama y desea para cada una de nosotras: renovarnos y convertirnos para seguirlo y amarlo incondicionalmente y ¡sin medida!

Ese fin de semana fue una experiencia única. Nunca había estado en un lugar en el que quisiera estar para siempre. En ese momento conocí la verdadera paz que Dios tiene para nosotras. Ahora sé su nombre, se llama Espíritu Santo. Yo sólo daba gracias y mil veces gracias por estar presente en aquel día en el lugar del que tanto huía, pero que necesitaba a gritos.

Mi momento había llegado. Dios quería mi conversión, pero había respetado mi voluntad. Ese día liberé y sané todo lo que ningún psicólogo o confesión anterior, habían logrado. Me di cuenta que Dios siempre había estado frente a mi, pero yo estaba tan ocupada, sumergida e invadida por el consumismo, la superficialidad, el "socialitos", que no me permitía ver...

Fue abriendo mi corazón y entregando mi dolor y mis deseos a Él que aprendí a convertir mi desesperación en humildad, mi angustia en esperanza, mi dolor en sacrificio, mi ansiedad en paz y mis lágrimas en oraciones, y entendí que todo lo que Dios quiere es que sea feliz y que cada día que pasa me parezca un poco más a Él y menos a lo que un día fui. A su lado puedo sentirme en paz y dichosa, y he aprendido a apreciar tantas bendiciones que antes no veía, como la salud.

Por supuesto, no es fácil mantenerse. Crecer en la fe es un proceso de toda la vida y es fácil tener recaídas por falta de confianza en Dios, sobretodo cuando hemos vivido esperando que todo se cumpla a nuestra merced. Pero hoy hay algo nuevo en mi: Tengo la certeza de que Él siempre estará ahí para levantarme y se que los obstáculos que me presente, como es el tema de la infertilidad, son para que lo busque y lo tenga presente como guía de mi vida.

Gracias a este sueño de ser madre, que aún sigue firme, pero ahora llena de Dios y aceptando su voluntad, estoy segura que lo que viene en mi vida será para dar fruto y ser testimonio vivo de Él. Estoy lista para los planes que tenga preparados en tiempo y forma para mi y para mi familia.

Mientras tanto, he entregado mi vida a servirlo. Tengo un año de participar en mi Parroquia como parte del equipo de lectores en Misa y también soy voluntaria en la Fundación Círculo de Lectura "Cuenta Cuentos del Corazón", donde hacemos diferentes actividades y también recaudamos fondos para apoyar el tratamiento de Niños con Cáncer en Chihuahua. Nunca me había sentido mejor...

Estoy convencida de que la Mujer es el pilar para llevar a la familia de la mano de Dios y ésta es la mejor herencia que podemos dejar en nuestros hogares. Regálense esa experiencia de reencontrarse con Él y verán como la vida es más llevadera teniéndolo de por medio. ¡Dios nos bendice!

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