¡Él desea sanarnos!







Hace unos días, en un grupo de amigas, compartieron una frase que me resonó mucho: “la tristeza es aliada del enemigo”.


Me quedé reflexionando en que, aunque es normal y completamente humano sentir tristeza, el enemigo puede usar nuestras propias heridas personales para atraparnos en la tristeza, amargura, ansiedad, miedo, sentirnos menos amados, insuficientes, etc.


Permitirnos expresar las propias emociones nos ayuda a hacerlas conscientes, pero también es importante entenderlas y lograr ver de dónde vienen para luego enfrentarlas.

A veces no es sencillo despojarnos de todo eso que nos hace menos libres, pero poco a poco Jesús se vale de todo para reencontrarse con nosotros y sanar nuestro dolor más profundo. Así que hay que estar tranquilas y pacientes, pues toma su tiempo y lleva un proceso.


Una de las herramientas que más me ha servido para poder profundizar en mis heridas y entender mucho más la raíz de mis luchas personales, es el libro de “Sé Sanado“ del terapeuta católico Bob Schucht, que hemos estado leyendo en un club de lectura, te lo recomiendo mucho si deseas conocer sobre el tema.

Él mismo experimentó la profunda sanación del Señor después de tener una juventud difícil en un ambiente familiar totalmente contrario a lo que un chico de su edad hubiera deseado.


En su historia personal pude ver cómo Dios nos encamina a un proceso en el cuál nos mueve a invitarlo a entrar en nuestro propio dolor para así experimentar la sanación y consuelo en sabernos sus hijos amados.


"Piensa en el área más vergonzosa o sin esperanza de tu vida pasada o presente. Éste es el lugar en el que más necesitas a un Salvador para liberarte. Esa misma área en tu vida, cuando sea sanada, dará a Dios la mayor gloria en tu vida", Bob Schucht.

Recuerda que Dios está en todo. Puede hablarte a través de una lectura, de tu esposo y tus hijos, el gesto de una buena amiga que te ofrece oración, al escuchar una frase, ir a un retiro o estar en una charla. Él nos va guiando para reencontrarse con cada uno de nosotros.


¡Él desea sanarnos! Ayer, hoy y siempre, pues nos creo para la plenitud, para ser libres y estar unidos a Él. Pero es un camino que habremos de seguir toda la vida y hay que ser muy dóciles, decirle cada día que Sí queremos ser sanados.


Espíritu Santo, ayúdanos a tener un corazón abierto y humilde, a buscar los sacramentos como nuestra mejor medicina, a encontrarte en el silencio y a ser sensibles a Tu voz. Abre nuestros oídos espirituales para escucharte y conocerte más, pues no hay camino mejor para sanar que experimentar Tu Amor.



Rebeca González, nació y vive actualmente en Monterrey. Hija de Dios, esposa y mamá de tres niños homeschoolers. Es apasionada de la crianza, lo que más disfruta es la vida familiar, ratos al aire libre, leer un buen libro, vacaciones en la playa, platicar con un buena amiga y los dates con su esposo. Desea buscar la voluntad de Dios en su vida y la santidad en lo sencillo y cotidiano de cada día.

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